Archivo del mes 05.2010

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Entre guitarras y discos, entre mates y libros, entre canciones e historias… así fue la charla con el músico argentino y, más o menos, lo podemos sintetizar así:

El Puente: Como fueron tus comienzos en la música?

Joe Fernández: Empecé a tocar la guitarra a los 12 años, yo iba a un colegio de curas y empecé a tocar para las canciones en las misas.

EP: Qué salto… de la iglesia al rock.

JF: Sí! Como me aburría mucho la iglesia y el colegio le busqué una parte divertida, algo distinto. Tocábamos con guitarra eléctrica, hacíamos cosas divertidas en las misas del colegio. Ahí arrancó mi vocación por la música. Después empecé a estudiar en la EMBA, más seriamente y empecé a participar de ensambles y de grupos de música dentro de la escuela. Después arranqué con una banda que se llamaba “Cien mentiras”, en homenaje a un tema de Sabina. Estuve cuatro años tocando con Cien Mentiras donde era guitarrista y hacía los coros. Pero había un cantante medio celoso que no me dejaba cantar, entonces me abrí y formé una banda de funk que se llamaba “Mother Funker”. Estuvo bueno, hacíamos covers de blues y de rock, éramos un power- trío. Fue muy escalonado todo: primero fue una banda donde era guitarrista y hacía algunos coros, después me animé a cantar y tocar la guitarra, covers en inglés y después empecé a escribir mis propias canciones y dije “por qué no?” formar un proyecto propio, mandarme al frente con mi nombre y bancármela. Así fue como decidí embarcarme en un proyecto solista.

EP: Cuándo decidiste aventurarte sólo?

JF: Empecé a escribir las canciones en el 2004, 2005, pero realmente en el 2006 fue cuando dije “bueno, arranco” y me lo puse como meta capricorniana, la cabrita perseverante. Agarré mis canciones, las grabé, me junté con Zeta Bosio, con un monton de músicos conocidos míos de ese momento. Fui, les pregunte opiniones, les lleve una lista de veinte canciones y me dijeron “de las veinte sirven dos” ok, sirven dos? Bueno, me quedo con esas dos, vuelvo con otras veinte, sirven cuatro… y así las empecé a juntar y a ver por dónde iba la historia. Armé doce canciones y saqué mi primer disco en el 2006, por PopArt que fue Formas. Y ahí arrancó una cosa muy linda que nunca paró y no va a parar que es el tema de los recitales, del Pepsi Music, las entrevistas, empezar a ser conocido por el tema musical. Después en 2008 vino Aires, el segundo disco y ahora en el 2010 va a venir el tercer disco que va a ser Joe. Va a ser una forma de decir “encontré mi identidad como músico, esto es lo que quiero contar por eso, recién en el tercer disco tuve el atrevimiento de ponerle mi nombre”. Es una cuestión también de decir “éste soy yo”. Es un poco también como lo resumiste bien vos… de la iglesia al rock, sin demasiadas escalas.

EP: Cuáles son tus influencias musicales?

JF: En esa pared que ves ahí tenés más de 3.500 discos, así que hay de los Beatles a los Rolling Stones, pasando por Jorge Drexler, Lisandro Aristimuño, Sabina. Nacional me gusta mucho Spinetta, García, Calamaro, Fito, me parecen los cuatro precursores del rock nacional. Y después me gusta mucho el rock americano, el rock inglés. Soy bastante clásico en algunas cosas, por ejemplo los Stones, Lenny Kravitz, Pearl Jam, Ramones, que es algo más de la adolescencia, pero me encanta. Es esa cosa de la melodía, de la guitarra con power pero con melodía y con algo lindo para contar. Me gusta todo eso. Creo que es como todo… a todos nos gusta comer sushi y también un pancho, pero en el medio hay un montón de cosas. Pero básicamente, mis influencias andan por ahí.

EP: Qué significa la música para vos?

JF: Para mí es una fuente de felicidad absoluta. Llego a mi casa, agarro la guitarra y empiezo a tocar. Por ejemplo, iba en el auto y venía escribiendo una canción y no veía la hora de llegar y bajarla y buscarle los acordes. Te ponés a tocar y queda re lindo y decís “qué bueno” (toma su guitarra y comienza a tocar parte de la canción). La felicidad que te produce cuando ves que se va gestionando el tuco este de la canción, eso a mí me mata. Me voy a dormir cantando la canción, me levanto cantando la canción. Yo hago una prueba que nunca falla y es que cuando estoy haciendo la canción, no la grabo nunca. Al otro día si me la acuerdo y la puedo tocar es que pasó la prueba del sueño, de todo. Antes grababa todo y ahora no. Esto que volví a tocar con vos, hoy llegué, la toqué, la bajé y ahora es como que ya está (vuelve a tomar la guitarra y tocar la misma canción). Y algo que me pasa, y de eso me estoy dando cuenta ahora, es que escribo como muy fresco cuando pasa algo. Por ejemplo vivo una historia, o veo un choque o vamos a tomar un café o voy a un recital o hay un eclipse… llego y tengo que escribir todo eso, bajar todas esas imágenes y después quedan en la canción. Por eso te digo que la música es todo, es una parte mía. Es levantarme a la mañana y voy a trabajar y ver qué disco me llevo. Si está nublado me llevo el último de Snow Patrol que es bajonero. Si es un día de sol, radiante, espectacular, Ramones a morir, AC DC. La música es una fuente de inspiración y de alegría. Ni hablar cuando prendes la radio y está la canción que te gusta o una canción tuya o en un recital donde la gente canta algo que yo hice con esta guitarra… vos la vas armando de a poquito como un rompecabezas y ver que la gente después la canta, está buenísimo.

EP: Cómo fue la experiencia de tocar en festivales en el exterior?

JF: Tocar en el exterior es buenísimo. Es como que todo músico quiere llegar a eso, así como todo periodista quiere ganar un Pulitzer o publicar un libro, el sueño de todo músico es triunfar en el exterior. Ir a hacer rock, tocar en Los Ángeles o Nueva York es como que venga acá un gringo a bailar tango. Ah bueno! Fuiste a la meca del tango a bailar, bueno, yo fui a la meca del rock con mi guitarrita y a cantar canciones. Eso fue un orgullo y una satisfacción personal super movilizante. Y lo lindo es que te respete la gente. No saben quién sos: si vendiste un disco, mil o cien, si sos Calamaro o si sos cualquiera, y los tipos respetan, aplauden, escuchan, preguntan… “ah, tenes dos discos, dónde se puede conseguir?” La experiencia de tocar afuera se la recomiendo a cualquier artista. Encima, yo viajé sólo con mi guitarra, así que fue armar una banda allá, ensayar en Nueva York  en un garaje con una banda, te sentís en medio de una película, sentís que atrás tuyo hay alguien filmando todo para hacer una película. Es todo realmente muy copado. Se disfruta mucho. Es más, en cierto punto se disfruta más que acá a nivel festival. Porque acá tenés el prejuicio de “ah! Tocas porque tenés esto, porque tenés lo otro…” y allá no, es un tipo que hace música y toca, escuchémoslo. Escuchémoslo, no es que “ah, toca porque es conocido, toca porque es el novio de fulana”. Y eso está buenísimo, por eso me gusta mucho tocar afuera, porque tocás sin el prejuicio de por qué estás tocando.

EP: En cuanto al público, se puede hacer una comparación entre el local y el de afuera?

JF: El público de acá, y voy a decir lo que dicen todos los músicos, pero es real, es más eufórico. Pero también menos profesional en cuanto a lo que te exigen. El público de afuera quiere que toques bien, que afines, que cantes bien. Cuando terminás de tocar te compran el disco, te compran la remera, te compran la púa. Son más ordenaditos, te buscan en internet, te googlean, te buscan en YouTube, ven fotos, ven videos. El de acá es como más eufórico en el momento y a los diez minutos se olvidaron.

EP: Y estando en el escenario, percibís un cierto feedback?

JF: En Estados Unidos gritan, se copan. Lo que pasa allá es que toca Metallica y ellos gritan, se copan. Después toca Ricky Martin y ellos gritan, se copan. Toco yo y ellos gritan, se copan. Acá eso pasa según quien toque. Si en un festival toca una de reggae y una de punk, aplauden a la de reggae porque están todos escuchando eso. Hay como un tema de tribus que allá afuera no hay. Allá toca Paulina Rubio después de Metallica y está todo bien, y acá es obvia la respuesta. De hecho pasó con Nirvana, cuando tocó como banda soporte Calamity Jane, la banda de Courtney Love, los pibes le tiraron de todo. Lo mismo con Pity antes de Oasis. Te digo que se disfruta tocar en el anonimato… tocar para gringos, para mexicanos… o en un pub de Los Ángeles… es divino, es una sensación que está muy buena.

EP: Qué nos podés contar del nuevo disco?

JF: El nuevo disco se va a llamar “Joe”. El primer disco fue más pop, el segundo fue más rock y éste es un disco de canciones. Son canciones, no es ni pop ni rock y a mí me encantan. Tiene que ver más con guitarras acústicas, y tenía ganas de hacer eso. Incluso para tocar es más fácil: con un cajón peruano y un violín: así los tres hacemos un recontra show. Hay cosas muy lindas de la canción y eso es lo que yo intento rescatar: hay una onda de rescatar la melodía de la canción. Me gusta definirlo así, como un disco de canciones y no tengo ningún prejuicio en decirlo.

EP: Y el show?

JF: El show va a contemplar una parte acústica importante, pero también va a estar la parte rockera que en el escenario es lo que más disfruto. Además mi esencia es rock: mi voz es rockera, mi actitud es rockera, no soy tan acústico, pero estas son canciones con power. Así que el show va a ser un poco eso, mitad rockero mitad acústico. Antes por ahí metía un par de canciones acústicas, pero ahora van ser siete u ocho… va a estar como más equilibrado con lo eléctrico. Tengo muchas ganas de este disco, va a terminar de consolidarme como artista y, en definitiva es lo que estoy buscando.

EP: Podés adelantarnos algo sobre las fechas?

JF: Se termina de grabar el 10 o 15 de mayo, y la idea es presentarlo antes del furor del mundial, para evitar que se pierda entre Argentina y Nigeria. Y seguramente a fin de año hagamos un show en La Trastienda con invitados como Luciano Pereyra, Iván Noble, así con gente amiga que se cope para subir a cantar.

EP: Y para terminar, vamos con el ping pong.

Un lugar en el mundo: Cuba

Una comida: milanesa con papas fritas y huevo frito

Una película: Alta fidelidad

Una banda de música: The Beatles

Un instrumento musical: La guitarra

Tres elementos indispensables en tu vida: Vino, helado y una mujer

Cola de león o cabeza de ratón: cabeza de ratón

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La planificación –entendida como una función de la gestión – se define como la acción que, apoyada en la visión sistemática y ordenada de la realidad sobre la que se actúa (diagnóstico), procura reducir la imprevisibilidad de lo social, introduciendo criterios de racionalidad y ordenamiento a un conjunto de acciones y actividades que, articuladas entre sí, generen alternativas de acción con el objetivo de influir sobre el desarrollo de los acontecimientos y generar cambios que beneficien a determinados actores sociales, a partir de sus objetivos de cambio y/o de aquellos que logren ser consensuados con otros actores sociales. Así entendida, la planificación es la aplicación ordenada de la voluntad de cambio de los actores sociales que participan de determinado ámbito o están decididos a incidir sobre el mismo.

La voluntad de cambio común a varios actores sociales se expresa en las alianzas político institucional, pero también en prácticas colectivas que van configurando modos de ser y actuar similares, es decir, estilos de gestión y gestiones compartidas.

La búsqueda de participación de la mayor cantidad de actores para la generación de prácticas colectivas que aporten a la construcción de lo público se basa en dos presupuestos. El primero es de carácter ético-político y se vincula con el ejercicio pleno de la ciudadanía y el segundo es científico y alude a lo público entendido como un escenario complejo, multisectorial y multiactoral, donde se visibilizan los intereses, las demandas, las necesidades, los proyectos políticos, las relaciones de poder y las alianzas de estos mismos actores y que exige de miradas múltiples y diversas para su comprensión y transformación. Los procesos de cambio en lo público son inescindibles de los cambios que se producen en los propios actores sociales intervinientes. De hecho no existe autonomía entre un plano y otro. O dicho de otra manera: nadie puede generar cambios en el espacio público si no se modifica a sí mismo en igual sentido, y los cambios que se producen en lo público inciden necesariamente en la práctica de los actores que allí intervienen.

La planificación aplicada al campo específico de la comunicación parte de las prácticas sociales concibiéndolas como espacios de interacción entre sujetos en los que se verifican procesos de producción de sentidos. El estudio de estos procesos comunicativos, mediáticos y no mediáticos, requiere de un abordaje inter y transdisciplinar, donde la comunicación sea la disciplina ordenadora de las otras. También exige una mirada que valore y trabaje a partir de la diversidad como manifestación de los diferentes intereses y necesidades de los actores sociales y base para la construcción dialéctica de social desde la comunicación y la cultura. La planificación aplicada al campo específico de la comunicación supone el diseño de procesos, planes, programas y proyectos de comunicación social en los diferentes espacios y procesos sociales, económicos, políticos y culturales de la sociedad

En síntesis, entendemos que “cualquier transformación sociocultural se dibuja permanentemente a partir de la dinámica comunicacional”1 y que la comunicación es sobre todo ese “lugar de encuentro y construcción de sentido compartido”2 que precede, anuncia y viabiliza el cambio social.

Fuente: Cátedra Uranga de TAO Políticas y Planificacion de Ciencias de la Comunicación, UBA

1 MASSONI, Sandra , MASCOTTI, Mariana; Apuntes para la comunicación en un mundo fluido: mediación es no mediar. Rosario, Argentina, mimeo, s/f

2 JARAMILLO LÓPEZ, Juan Camilo; Aporte de la comunicación a la construcción de políticas públicas. Conferencia dictada en el UBR Campaing Workshop del Plan International, Panamá, 9-11 noviembre 2004

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Cuestionar algo implica un espíritu inquieto que busca explorar… es una enunciación que exige una contestación. El preguntar abre un camino, así se hace importante prestar atención a ese nuevo pasaje en vez de quedarse inmersos en el que queda atrás.

Muchas veces la sofocante coacción de lo dado reprime el espíritu, adoctrinándolo y obligándolo a obedecer con una aparente ceguera sin cuestionar y aceptar el statu quo. Por ello, se hace necesario estimular el adormecido espíritu y comenzar a indagar un poco.

A partir de un simple cuestionamiento podemos llegar a generar grandes ideas, buscar espacios no explorados e incidir en ellos, tal como lo han demostrado reconocidos personajes de la historia. Entonces, realmente vale la pena detenernos un poco en la vorágine cotidiana y tomarnos el tiempo para comenzar a pensar y a cuestionarnos ciertos hechos que se nos presentan como naturales y generar nuevos espacios para el debate y el intercambio de ideas. Es hora de que marquemos nuestro propio sendero para caminarlo tal como lo anhelamos, sin imposiciones vacías y carentes de significaciones reales. Animémonos. Caminemos. Desafiemos las reglas.

“Todo lo aparentemente conocido

se convierte en algo digno de ser cuestionado,

es decir, digno de ser pensado”.

M. Heidegger.

Rene Magritte, «Decalcomanía», 1966