Archivo del mes 07.2011

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Salvador Dali, 1925, óleo sobre cartón piedra, 105 x 74,5 cm – Museo Nacional Reina Sofía, Madrid.

Es una pintura realista, de la etapa de formación de Dalí, donde aún no se vislumbraba su estilo surrealista característico. que transmite paz.
La muchacha de espaldas es Ana María, hermana de Salvador, quien fue su modelo hasta 1929, cuando Gala la sustituye. Desde esa ventana se contempla la vista que tenía la casa de veraneo de los Dalí en la Cadaqués.

Sin dudas, esta pintura transmite paz.

A los seis años quería ser cocinero. A los siete quería ser Napoleón. Mi ambición no ha hecho más que crecer ahora sólo quiero ser Salvador Dalí y nada más. Por otra parte, esto es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí

 

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Durante la Edad Media, una de las formas y rituales del espectáculo era el carnaval. Mijail Bajtin, plantea que aquel no puede ser pensado como un espectáculo sino como una forma de vida. Lo festivo, como humor carnavalesco, era popular en tanto todos ríen; universal ya que se podían reír de todo incluso hasta de lo oficial y ambivalente, es decir, que tenia dos valencias, lo positivo y lo negativo estaba siempre presente al mismo tiempo (vida y muerte, alto y bajo). El cuerpo que caracterizó a esta época, es un cuerpo grotesco: no individual, inacabado que conforma una unidad con la naturaleza y el cosmos. Es un cuerpo exagerado, infinito, ligado tanto a la fertilidad como a la muerte. El énfasis está puesto en las partes del cuerpo en que éste se abre al mundo exterior, por ejemplo, la boca abierta, los órganos genitales, nariz, panza, etc. Las actividades que le dan placer al hombre carnavalesco son, justamente, aquellas en las que se transgreden los límites, en las que el cuerpo desbordado vive plenamente su expansión hacia fuera: el acoplamiento, la gravidez, la muerte, comer, beber, satisfacer las necesidades naturales. El acento está puesto en un hombre que no puede ser percibido fuera de su cuerpo, de su comunidad y del cosmos. El carnaval instituye la regla de la transgresión que lleva a los hombres a una liberación de las pulsiones habitualmente reprimidas. Es importante recordar, que todo esto se relaciona con un modo de producción feudal, el cual, se caracterizaba por un control comunitario. No había acumulación y apropiación de capital de una clase en detrimento de otra.

Cuando comienza el pasaje de una economía feudal a una economía capitalista, se da inicio a lo que Norberto Elías denomina el proceso de civilización, es decir, un proceso de individualización que permitirá un autocontrol del cuerpo. El concepto civilización comienza a tener un significado especial a partir de la obra de Erasmo de Rótterdam. El mismo, estaba dedicado a un muchacho noble, hijo de un príncipe, para su adoctrinamiento. Erasmo habla, entre otras cosas, de la apariencia de las personas y da consejos para que otras aprendan. Este proceso civilizatorio se realizará en un doble nivel: la coacción a nivel social (macro) y la autocoacción a nivel individual (pudores, moral, aplacamiento de las pulsiones, micro), Esto significa que la racionalización, como mecanismo inherente a este proceso o al mundo que se despliega técnicamente, no es sólo un proceso de orden individual sino una de las coordenadas que orientan la acción social, que proyectan un modo de comportarse y de entender el mundo. Esta racionalización impactará directamente sobre los contenidos de conciencia, que se hará menos permeable a la emergencia de los instintos.

Los civilizados, guiados por la razón, saben distinguir entre lo bueno y lo malo, saben autocontrolarse. En cambio, del lado de la pasión, esta la naturaleza, la cual se expresa como falta de autocontrol, exacerbación de la emoción que no permite distinguir entre lo bueno y lo malo. El nuevo discurso de la modernidad será, entonces, que el sujeto racional debe dominar, controlar al pasional por su seguridad.

En esta economía del instinto, dice Elías, hay un fuerte avance del sentimiento de vergüenza como miedo a la degradación social o a los gestos de superioridad de los otros. Es un conflicto del individuo con la opinión social predominante y con aquella parte de su yo que representa a la opinión social; es un conflicto de su espíritu. En el mismo periodo histórico-social en que progresa de forma evidente la racionalización, se observa un avance de los límites del pudor y de los escrúpulos.

La estabilidad peculiar del aparato de autocoacción psíquica se encuentra en intima relación con la constitución de los institutos de monopolio de la violencia física y con la estabilidad creciente de los órganos sociales centrales. Solamente con la creación de dichos institutos, se crea ese aparato formativo que sirve para inculcar al individuo desde pequeño la costumbre permanente de dominarse (autocontrolarse). El cuerpo tiende a la distracción, a buscar el placer y a huir del dolor y de las obligaciones, por eso hay que controlarlo, adiestrarlo, argumenta la racionalización de la modernidad. El cuerpo, ahora separado del hombre, es blanco de poder plantea Foucault. El cuerpo dócil es aquel que puede ser sometido, transformado, utilizado. El hombre se aparta del cosmo, de los otros y de si mismo. El cuerpo moderno es el cuerpo maquina que nada tiene que ver con el cuerpo carnavalesco de la Edad Media. Y es que el nuevo modo de producción capitalista necesita un nuevo cuerpo útil, capaz que obtener el mejor rendimiento en el menor tiempo posible. Ello implica el puro dominio de la razón por sobre la pasión.

Foucault plantea la mirada como arma de control. Una mirada que recae e impacta en el cuerpo que no solo será controlada sino también, y centralmente, subjetivadora en su repetición. Se trata de una mirada que ejerce una coerción interrumpida con vistas a hacer del cuerpo del hombre un cuerpo docilizado y apto para un determinado modo de producción. Es una mirada que termina siendo internalizada al punto tal de ser administrada automáticamente. En la sociedad disciplinaria, las emociones y potencias del cuerpo reciben continua presión para seguir conductas determinadas, a estar sensibilizados a la voz de mando. Así, debemos destacar el carácter productivo, es decir, de producción de subjetividades propio de este sistema centrado en la mirada y el poder. Y es que estamos frente a un poder que no solo domina y oprime, sino también, que forma. Sin embargo, esta dimensión productiva no debe entenderse en un sentido mecanicista. Que haya poder no significa que solo haya sometimiento sino también que existe un ámbito de resistencia. No todo es panóptico.

Ilustración que aparece en el prólogo del libro “Gargantúa y Pantagruel” de Francois Rabelais, uno de los escritores que describió y estudió la cultura popular

 

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El 9 de julio de 1816 en el Congreso de Tucumán, se declaró la independencia de nuestra patria. El acta de la declaración dice:

Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en congreso general, invocando al Eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protextando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuparar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli“.

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Desde EL PUENTE les deseamos una muy felíz semana de la dulzura!!!! A regalar dulces y recibir besos!