Archivo del mes 02.2012

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Sumgait es una ciudad ubicada en Azerbaiján, muy cerca del Mar Caspio y, en tiempos de la Unión Soviética, convivían allí armenios, azeríes, rusos y judíos de forma pacífica. En este contexto y los armenios en particular, cumplían un papel clave y se destacaban por sus profesiones. Se desempeñaban como ingenieros, médicos, profesores universitarios, docentes, etc, es decir, tenían un rol fundamental en el desarrollo de esa sociedad.

A fines de los años 80, cuando la URSS comenzaba a resquebrajarse, salieron a flote los odios étnicos, la intolerancia a los otros, signados por un chovinismo latente y profundo que esperaba ver la luz. Como represalia a los intentos independentistas de Nagorno Karabakh, un territorio que históricamente pertenece a Armenia y fue poblado siempre por armenios, los azeríes buscaban revancha.

El 27 de febrero de 1988 tuvieron lugar los lamentables hechos que luego serían conocidos bajo el nombre de “pogrom de Sumgait”. Pogrom en ruso significa devastar y hace referencia a levantamientos organizados por parte de una población civil contra otra, con el objeto de eliminarla: sintetizando, consisten en matanzas hacia las minorías. Exactamente eso fue lo que sucedió en aquél tiempo. Grandes grupos azeríes se organizaron bajo el mismo objetivo: atacar y destruir a los armenios que allí vivían. Es importante destacar la complicidad policial y política que se dio en Azerbaiján, pues es claro indicador de esa intolerancia y deseo de destrucción masiva de lo que ellos consideraban otredad. Se vivieron momentos de gran tensión: las turbas frenéticas cumplían con su plan sistematico: asesinatos, saqueos, incendios, violaciones… claro que no importaba ni el género ni la edad… una gran masacre. En esos episodios había cierta reminiscencia a lo que había ocurrido el 24 de abril de 1915: el genocidio contra el pueblo armenio por parte del Estado Turco. Habían pasado varios años, pero el objetivo era el mismo: exterminar al pueblo armenio… esa noche comenzaron las deportaciones masivas y los asesinatos de un millón y medio de personas. La misma matriz se presentaba nuevamente. El odio racial, la intolerancia, el imperialismo y la sed de destrucción volvían a imponerse por sobre la humanidad.

La situación en Sumgait comenzó a calmarse cuando tanques y unidades militares soviéticos entraron a la ciudad, imponiendo el estado de ley marcial y el toque de queda. El saldo fue más de 300 víctimas fatales, la destrucción total de viviendas, deportaciones y la imposición de la injusticia y una demostración de un estado de incultura feroz. Esto fue a lo que condujo el ciego nacionalismo azerí, apoyado por intereses políticos y económicos, repitiendo errores que degradan la dignidad humana.

Pero esto no quedó acá. En enero de 1990 nuevos episodios de violencia acontecieron en Bakú, la capital de Azerbaiján. Nuevos pogroms contra los armenios dejaron un saldo de 700 personas afectadas entre la muerte y heridas, un calco de lo que había pasado el Sumgait: robos, muertes, saqueos, deportaciones, violaciones y los más terribles crímenes. Esto puso en evidencia, nuevamente, la complicidad política acontecida.

Todos sabemos que las acciones del hombre son promovidas por intereses: ex nihilo nihil. Entonces, está más que claro que nada de esto fue casual, no hubo nada de azaroso ni inocente en este pogrom, tampoco fue un hecho aislado, sino que es parte de la herencia turca, signada por el odio y el chovinismo: son hechos motivados y promovidos… y si algo aprendimos con la historia de la humanidad, es que no hay nada inocente en este tipo de acontecimientos. De hecho, Human Rights Watch en un informe respecto al tema pronunció: “estas acciones no fueron espontáneas, ya que los atacantes tenían las listas de los armenios y sus direcciones”[1].

Así como el Estado turco continúa negando la existencia del genocidio, el Estado azerí le resta importancia a estos sucesos y, como si fuera poco, exige como propia y sin fundamento alguno, la República de Karabakh. Hasta cuándo? Un poco de memoria y a hacernos responsables de la historia de cada uno.

Por Eugenia Akopian

 


[1] [1] Conflict in the Soviet Union: Black January in Azerbaidjan, by Robert Kushen, 1991, Human Rights Watch

 

 

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Qué bien que nos vienen estos días feriados por carnaval! Toda Latinoamérica celebra estas fechas y hace poco en Argentina volvimos a festejar. Pero  qué es el carnaval? Desde cuándo se festeja? En esta nota vamos a hacer un breve recorrido y, a través de algunos autores que  lo han estudiado en profundidad, llegaremos a los orígenes y develaremos su esencia.

François Rabelais (1494-1553) fue un escritor francés que tuvo contacto directo con las culturas populares de la Edad Media que dieron origen al Carnaval: él mismo caminaba en las plazas públicas donde se llevaba adelante esta fiesta.  Mijail Bajtín (1895-1975), gran lingüista y semiótico ruso, se dedicó a estudiar la obra de Rabelais y el carnaval. A partir de la lectura de estos dos autores, les acercamos este relato.


Para hablar del carnaval hay que remontarse al sistema de acumulación feudal de la Edad Media. Hacemos hincapié en este período ya que luego de la Reforma Cristiana estas relaciones y estos festejos se verán modificados. Durante la Edad Media el carnaval era la fiesta más esperada y se celebraba constantemente. Se asociaba al trabajo agrícola y se configuraba como un momento de excesos, ya que después de los festejos llegaba el momento de latencia de la tierra. leer nota completa »

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