Archivo del mes 09.2012

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Día Internacional de la Paz – Día de la Primavera – Día del Estudiante

¡Hoy tenemos varios motivos para celebrar! Por un lado, en 1981 la ONU declaró que este día está “dedicado a conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo y entre ellos” (resolución 36/67). Aprovechemos esta ocasión para generar conciencia y bregar por la tolerancia, el respeto y la paz mundial que tanto nos hace falta.

Hoy también celebramos el comienzo de la estación en la cual la naturaleza  exhibe su esplendor: simboliza la renovación de la vida. Desde antaño se dedicaron grandes fiestas a la primavera, ya que la cosecha comenzaba a dar sus frutos.

Finalmente, otra gran oportunidad para festejar hoy es el día del estudiante, una figura esencial en toda sociedad. El estudiante siempre ha tenido un papel protagónico en diversas sociedades, donde en muchas de ellas, se lo ha estigmatizado y menospreciado, subestimando su rol y negando su idealismo libertario. Pero, la misma historia y el mismo estudiante se han encargado de demostrar su potencial y capacidad, reivindicando su lucha y presencia.

 

Desde EP deseamos que pasen un feliz día ¡disfrutemos con conciencia!

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Por Eugenia Akopian
(para La Tecl@ Eñe)

El presente artículo constituye un acercamiento general a la problemática, pues se trata de un tema muy extenso y complejo que requiere de un análisis riguroso, detallando cuestiones geopolíticas.

 

Palabras preliminares, resumen histórico y contexto

La República de Nagorno Karabakh o República de Artsakh, está ubicada en el Cáucaso, cuenta con una superficie de 11.458 km², 141.000 habitantes y es una región históricamente poblada por armenios desde antes del siglo II AC. A lo largo de los siglos supo ser la tierra de la realeza: formó parte de las 15 provincias del reino de Armenia (189 AC – 387 DC); fue parte del principado armenio de Khachén, proclamado luego Reino de Artsakh. En el año 301 Armenia fue el primer estado en instituir el cristianismo como religión oficial, por eso, aún hoy en Karabakh se conservan las ruinas de numerosas iglesias, junto con las ruinas de ciudades enteras y de castillos medievales que dan cuenta del poderío, la grandeza y el resplandor que tuvo la región. Hacia 1813, después de invasiones y enfrentamientos, los persas perdieron el control y el imperio ruso pasó a dominar el territorio. Posteriormente y con el correr de los años, varias disputas de poder típicas de la región y luego de la Revolución Rusa, comenzaron a conformarse las nuevas repúblicas soviéticas. En 1923 se estableció Oblast (región) Autónoma de Nagorno Karabakh con una mayoría de población armenia (94%)[1] que, por un decreto de Stalin, pasó a formar parte de la República Soviética de Azerbaiján.

Durante los años soviéticos, Karabakh continuó su desarrollo conviviendo con los azeríes y otras minorías. Pero las incipientes hostilidades hacia los armenios se hacían sentir cada vez con más fuerza. Una materialización de esta intolerancia fue lo acontecido con Nakhicheván, una región autónoma, históricamente armenia, que formaba parte de Azerbaiján, a causa del decreto antes mencionado. Hacia fines de los años 80, de la mayoría de su población originaria armenia prácticamente ya no quedaba ni un 3%, gracias a las políticas de limpieza étnica que propiciaba el gobierno azerí. Cuando la URSS comenzaba a resquebrajarse, salieron a flote los odios étnicos, la intolerancia a los otros, signados por un chovinismo latente y profundo que esperaba ver la luz.
En febrero de 1988, teniendo en cuenta estos antecedentes, el pueblo de Artsakh hizo uso de sus derechos, expresó su voluntad y solicitó la salida de la órbita de Azerbaiján para pasar a formar parte de la República de Armenia. El parlamento elevó su petición al Soviet Supremo, estando este tipo de acciones contempladas en la Constitución de la URSS: por ende, su reclamo era legítimo y estaba basado en fundamentos que ofrecía la carta magna. En junio de ese año, el Soviet Supremo de la República de Armenia dio lugar al reclamo, mientras que su homónimo azerí lo negó. Como represalia a estos intentos independentistas, los azeríes buscaron revancha.

 

Los Pogrom como manifestación de la intolerancia

Sumgait es una ciudad ubicada en Azerbaiján, a orillas del Mar Caspio y, en tiempos de la Unión Soviética, convivían allí armenios, azeríes, rusos, judíos, entre otros, de forma pacífica. En este contexto, los armenios en particular, cumplían un papel clave y se destacaban por sus profesiones. Se desempeñaban como ingenieros, médicos, profesores universitarios, docentes, etc, es decir, tenían un rol fundamental en el desarrollo de esa sociedad.

El 27 de febrero de 1988 tuvieron lugar los lamentables hechos que luego serían conocidos bajo el nombre de “pogrom de Sumgait”. Pogrom en ruso significa devastar y hace referencia a levantamientos organizados por parte de una población civil contra otra, con el objeto de eliminarla: sintetizando, consisten en matanzas hacia las minorías. Exactamente eso fue lo que sucedió en aquél tiempo. Grandes grupos azeríes se organizaron bajo el mismo objetivo: atacar y destruir a los armenios que allí vivían. Es importante destacar la complicidad policial y política que se dio en Azerbaiján, pues es claro indicador de esa intolerancia y deseo de destrucción masiva de lo que ellos consideraban otredad. Se vivieron momentos de gran tensión: las turbas frenéticas cumplían con su plan sistemático: asesinatos, saqueos, incendios, violaciones… claro que no importaba ni el género ni la edad… una gran masacre. En esos episodios había cierta reminiscencia a lo que había ocurrido el 24 de abril de 1915: el genocidio contra el pueblo armenio por parte del Estado Turco. Habían pasado muchos años, pero el objetivo era el mismo: exterminar al pueblo armenio. Esa noche comenzaron las deportaciones masivas y los asesinatos de un millón y medio de personas. La misma matriz se presentaba nuevamente. El odio racial, la intolerancia y la sed de destrucción volvían a imponerse por sobre la humanidad.

La situación en Sumgait comenzó a calmarse cuando tanques y unidades militares soviéticos entraron a la ciudad, imponiendo el estado de ley marcial y el toque de queda. El saldo fue más de 300 víctimas fatales, la destrucción total de viviendas, deportaciones, la imposición de la injusticia y una demostración de un estado de incultura feroz. Esto fue a lo que condujo el ciego nacionalismo azerí, apoyado por intereses políticos y económicos, repitiendo errores que degradan la dignidad humana.

Pero esto no quedó acá. En enero de 1990 nuevos episodios de violencia acontecieron en Bakú, la capital de Azerbaiján. Nuevos pogroms contra los armenios dejaron un saldo de 700 personas afectadas entre la muerte y heridas, un calco de lo que había pasado el Sumgait: robos, muertes, saqueos, deportaciones, violaciones: los más terribles crímenes. Esto puso en evidencia, nuevamente, la complicidad política acontecida.

Todos sabemos que las acciones del hombre son promovidas por intereses: ex nihilo nihil. Entonces, está más que claro que nada de esto fue casual, no hubo nada de azaroso ni inocente en este pogrom, tampoco fue un hecho aislado, sino que es parte de la herencia turca, signada por el odio y el chovinismo: son hechos motivados y promovidos. Si algo aprendimos con la historia de la humanidad, es que no hay nada inocente en este tipo de acontecimientos. De hecho, Human Rights Watch en un informe respecto al tema pronunció: “estas acciones no fueron espontáneas, ya que los atacantes tenían las listas de los armenios y sus direcciones”[2].

 

Conflicto bélico

Hacia 1991 y tras la caída de la URSS, cada república proclamaba su independencia. En este contexto y para la definir su destino, Karabakh reafirmó su decisión de unidad con Armenia. Pero Azerbaiján no pudo tolerar esta elección y su ejército invadió la región con la intención de perpetrar una limpieza étnica, aplicando la solución final. El pueblo de Karabakh se levantó en armas. Se unieron al ejército mujeres, ancianos y adolescentes dispuestos a defender sus casas y su tierra. Estos, sin tener armamento ni formación militar se enfrentaron con las fuerzas regulares de Azerbaiján, quienes portaban tecnología militar de última generación y contaban en sus filas con mercenarios afganos, chechenos, entre otros. Los azeríes tomaron como blanco hospitales, escuelas y campos de refugiados los cuales bombardearon permanentemente con misiles de alto alcance, produciendo de esta forma, un alto número de víctimas civiles. Así, los azeríes invadieron la república, induciendo al terror a la población. Pero, paulatinamente, con un accionar heroico, las fuerzas armenias lograron controlar, liberar y recuperar Karabakh, fruto de la valentía de quienes pelearon y defendieron lo que les pertenece de antaño.

Durante la guerra, organismos internacionales como la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) intentaron mediar y resolver la situación, pero no fue hasta 1994 cuando se declaró el alto del fuego, bajo la tutela de Rusia.

 

Nagorno Karabakh, hoy

Actualmente rige el alto de fuego desde 1994, pero el conflicto persiste. El Estado azerí le resta importancia a los sucesos y a la herencia histórica, exigiendo como propia y sin fundamento lógico ni válido, al territorio de la República de Karabakh. Lo cierto es que no se puede negar la historia ni los derechos de la población originaria para su autodeterminación. La política azerí, signada por el odio y la xenofobia, se manifiesta en las palabras de su presidente, Ilhem Aliev, quien en el discurso de cierre de una conferencia en febrero de 2012 declaró: “Nuestros principales enemigos son los armenios de todo el mundo y los políticos hipócritas y corruptos bajo su control”[3].

Lamentablemente, estas afirmaciones no son casualidad sino que se condicen con su carrera armamentística. En febrero de este año, Azerbaiján compró armamento por 1.6 mil millones de dólares a Israel[4] que incluyen armas, aviones no tripulados, así como sistemas de defensa antimisiles de tecnología sofisticada israelí. El embajador azerí en Irán, Javanshir Akhundov, reconoció que este arsenal sería utilizado contra la República de Nagorno Karabakh, según informó la Agence France Presse.

En julio de este año un informe de las Naciones Unidas[5] reveló que Azerbaiján superó ampliamente los límites máximos establecidos por tratados internacionales en cuanto a compra de armamento (Treaty on Conventional Armed Forces in Europe). La posesión de tanques azeríes ascendió a 381 (límite máximo permitido: 220); de artillería a 516 (límite máximo permitido: 285); los helicópteros de ataque aumentaron de 3 a 5 y los vehículos blindados de combate ascendieron a 106. En adición a esto, su presupuesto militar para 2012 aumentó a 3,47 mil millones de dólares, lo cual la sitúa en una “posición negligente teniendo un impacto muy negativo en los esfuerzos de Armenia para promover un clima de confianza y cooperación en la región[6], tal como lo manifiesta el informe de la ONU.

Los yacimientos petrolíferos azeríes ubicados en el Mar Caspio generan petrodólares que son destinados no sólo a las armas, sino que también sirven para alimentar su gran maquinaria propagandística en todo el mundo. De esta forma, desembarcaron en América Latina, particularmente en Argentina, donde con mentiras y lobby intentan falsificar los hechos, tergiversando la realidad para reproducir el mensaje de su presidente. El reclamo de Nagorno Karabakh es legítimo, pues está basado en derechos constitucionales, avalados por el derecho internacional y hace referencia a la verdad histórica que le pertenece; el derecho de autodeterminación de los pueblos encuentra aquí su clara materialización.

El camino no es la guerra. Es necesaria la solución pacífica del conflicto, basada en el diálogo y la convivencia armónica entre dos pueblos vecinos.

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