Entrevista exclusiva con Glenn Postolski

Glenn Postolski, director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, nos cuenta sobre la situación actual de los medios en Argentina, sobre la Ley de Medios, el plan de reforma de la carrera. Informate sobre estos temas y más.

EL PUENTE: ¿Cómo se caracteriza, en líneas generales, el estado actual de los medios de comunicación en la Argentina?

GLENN POSTOLSKI: Desde la década del 90 se consolidó un tipo de modelo en el mapa mediático en el cual existen presencias dominantes, principalmente, de dos grandes grupos. Uno vinculado al desarrollo de un actor económico nacional que es el Grupo Clarín, que tiene la capacidad central de poder configurar, a partir de su diario, la agenda pública. Tiene una diferencia cualitativa histórica con otros grupos comunicacionales, que es la de fijar esa agenda política o noticiosa. El otro actor central es el Grupo Telefónica, a partir de la expansión del sistema televisivo.

La característica más coyuntural es, principalmente a partir de los últimos dos años, cierta dinámica en torno al funcionamiento del sistema de medios en donde aparece una sincronía en términos de posicionamiento y de confrontación contra el gobierno. Pero no es un bloque homogéneo, hay tensiones y diferencias: representan distintos sectores sociales e ideologías, pero han construido una interpelación frente a la experiencia política que ha adoptado el gobierno, principalmente, a partir de lo que fue la Resolución 125.A partir de ello fueron generadores de un gran relato de la construcción de, no sólo de lo político, sino también de las formas en que se tramita lo político en la sociedad. Por ejemplo, la política aparece como una zona oscura que remite a lo conflictivo o lo corrupto y en donde hay una caracterización en torno a que todas las acciones del gobierno que tienen en sí, la voluntad del conflicto, de la confrontación y donde todos los acontecimientos de la agenda política son leídos en clave de “vence la oposición y pierde el gobierno”. Sin importar el acontecimiento, siempre va a ser la oposición lo que haya que fortalecer y todo lo malo es lo que respecta al gobierno. Frente a eso, en el último tiempo, hubo una política estimulada por el estado en alentar y ampliar la aparición de otros actores: los medios vinculados al estado y una política de inversión y desarrollo de estos, como es el caso peculiar y muy interesante de Canal Encuentro. Además, se alentó una nueva estrategia en términos de programación y construcción temática de  Canal 7. También hay una presencia de otros grupos privados pero que están en sintonía con la política del gobierno: el ejemplo más claro de eso es el grupo vinculado al empresario Szpolski y una serie de publicaciones, que tampoco son absolutamente homogéneas. Eso ya da cuenta de una cierta pluralidad y la aparición de nuevos actores o, la expectativa de esa aparición, en los medios de radiodifusión de los sectores sociales como nuevos emisores. Eso es un escenario a futuro con posibilidad de generar alteraciones en lo actual.

EP: ¿Y cuál tendría que ser, entonces, el  rol que debieran cumplir los medios de comunicación en una sociedad?
GP:
Uno supone que nuestras sociedades tienen una base pensada en términos de construcción de condiciones dignas de vida, en ampliación de los derechos democráticos y, en ese sentido, los medios juegan un rol en términos institucionales. Deberían garantizar esas condiciones del debate de lo público, de ser una piedra fundante de esa diversidad de perspectivas, de ideologías, de opiniones que permitan que esa democracia esté en permanente debate. Uno debería pensar que los medios deberían jugar esos roles, pero los estudios en comunicación nos llevan a no ser ingenuos. Sabemos que los medios también responden a intereses que tienen que ver con dinámicas empresarias, también posicionamientos político-ideológicos. Lo que deberían propenderse es a que eso no exista, sino que hayan condiciones para que se de una pluralidad y una diversidad que den cuenta y que contengan, formas de posicionarse y debatir desde muy diferentes actores y sectores sociales. Lo que ha tendido el sistema de medios en los últimos 20 años, es obstruir esa pluralidad y generar condiciones para que sean pocos y poderosos actores comunicacionales que determinen la situación. Es más, han configurado una dinámica en la relación de construcción de poder y de incidencia sobre lo crítico donde, muchas veces, han generado la condición para que la política termine constituyéndose en un subsistema de lo económico. Y los actores de lo mediático se constituyeron como los articuladores de esa dependencia de lo político a los intereses económicos.

EP: Respecto a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual… desde que se sancionó, hubo varias medidas cautelares, muchas idas y vueltas…  ¿cuál es el “grado” de aplicación con el que la ley cuenta hoy en día?
GP:
La ley está en vigencia. La única restricción es sobre el artículo 161, que tiene que ver con la desinversión del Grupo Clarín. Las medidas cautelares de Mendoza y de Salta fueron revocadas y la única vigente fue la que remitió la Corte Suprema al Juzgado de Primera Instancia para que determine cuáles son los tiempos procesales que debe pensar un proceso de desinversión. Uno puede intuir que ese juez está consustanciado, podríamos decir, con la defensa de los parámetros de libertad de expresión vinculada a los intereses de la empresa. Por ello, probablemente esté esperando, entre otras cosas, a las elecciones de octubre para decidir los plazos. La ley está vigente, los parámetros de la ley sobre la producción local, sobre producción independiente, sobre cuota de pantalla, sobre los términos  de publicidad y los de reparto del espectro, rigen, pero es un proceso lento la implementación de una ley. Creo que ese sistema puntual del artículo 161 y, en relación a los intereses del Grupo Clarín, está puesto en el debate y en las perspectivas a futuro, en torno a cómo se juegue el escenario político, luego de las elecciones nacionales de octubre. Nada puede ser igual, según gane qué tipo de proyecto político. Probablemente, si gana un proyecto político antagónico con el gobierno actual, los plazos serán eternos o la ley misma empiece a ser inaplicable.

EP: Se llevaron a cabo jornadas para reformar el plan de estudios de la carrera de Ciencias de la Comunicación, ¿qué nos podés contar al respecto, cuáles fueron los ejes fundamentales del debate?
GP:
La reforma del plan de la carrera se discute desde que entré como estudiante. En ese momento pensábamos que no se iba a sancionar una nueva Ley de de Servicios Audiovisuales, eso se pudo hacer y creemos que también se puede hacer la reforma del plan de estudios de la carrera, a pesar de las dificultades que eso acarrea. En este último periodo, nosotros tratamos de que eso no salga del tema principal de la agenda. Empezamos en abril del año pasado en la gestión de la carrera e iniciamos una serie de encuentros abiertos de discusión para la reforma del plan. Éstos se dieron a principios del primer cuatrimestre del año pasado, pero se vieron interrumpidos por la toma. Eso generó que el cierre de cuatrimestre haya sido muy complejo, lo cual nos llevó a que el tema no fuera tramitado en ese momento como prioritario. Lo retomamos con mucha fuerza al inicio del cuatrimestre pasado. Allí tratamos no sólo una etapa de diagnóstico, producto del debate de las jornadas, sino que también definimos una orientación. Todavía no tenemos un documento formal escrito ni cerrado hasta el último punto, pero sí tenemos algunas definiciones, producto de todos esos diagnósticos y producto de que han participado todos los actores de la carrera: estudiantes, profesores, equipos de cátedra, espacios que se constituyeron y han discutido las problemáticas. ¿Qué estamos pensando nosotros? Primero, vamos hacia una propuesta de cuatrimestralización. Creemos que ninguna reforma del plan puede ser pensada sin contrastar con la experiencia concreta y real. Esta carrera no se cursa en menos de 6, 7 o más años. Una de las condiciones para que esto sea así es porque, en diferentes tramos, la anualidad implica un proceso arduo para un estudiante en su dinámica de circulación de las materias. El otro tema que observamos es la existencia de una excesiva rigidez: un tronco común de casi 24 materias (23 materias más un taller llave) y una orientación final, que es un tramo muy corto de la carrera con 6 materias. Nuestra idea es generar un recorrido en donde haya un momento sustancial vinculado al objeto comunicacional de unas 12 o 14 materias cuatrimestrales y, un segundo momento, de otras 14 materias: una carrera de 28 materias cuatrimestrales, con distintas zonas y distintas formas de certificación de cierre del ciclo de grado. No vamos a dejar la tesina, pero no creemos que solamente tiene que ser una tesina; también pensamos en presentación de trabajos o prácticas profesionales. Es decir, generar otras condiciones  de la circulación del estudiante y el cierre del ciclo de grado. Hoy en día el grado está directamente vinculado a otro recorrido de postgrado y, por eso nos parece que el tipo de carrera que nosotros estamos viviendo, está desfasado.

Por ejemplo, la gente de publicidad nos contaba que los graduados de esa orientación llegan al título a una edad donde ya estan excluidos del mercado. En ese sentido, la universidad pública no puede preparar a un estudiante que no tenga posibilidades en el mercado. Esas son cosas que tenemos que modificar.

 

EP: ¿Ahí se ve la necesidad de la carrera de responder al mercado?
GP:
De responder a las necesidades del individuo. En términos de los intereses del mercado, se supondría que iríamos a un tipo de carrera absolutamente vinculada a una lógica práctica, mercadotécnica y dejaríamos el espacio de lo crítico. Pero no es así. Nosotros vamos a mantener una base conceptual en torno a la discusión densa del objeto comunicacional tal cual está ahora. Vamos a generar condiciones para que la formación de grado tenga un ciclo lógico.  En Europa son ciclos de 3 a 4 años y nosotros estamos en una media de 6 o 7, entonces, llegar a una carrera de 5 años nos parece lógico y nos parece una deuda que tenemos hoy desde las formas de haber pensado la carrera. Se ha dado una serie de reformas del plan en términos de contenidos al interior, en las materias. Lo que no hubo fue una puesta en común que permitiera que esos cambios de contenido se expresen en un recorrido diferente que genere una situación más acorde a lo que debe ser la formación de competencia profesional de un graduado en comunicación. Por ejemplo, tenemos casi 5mil personas con más de 30 materias aprobadas pero sin tener el título de grado. Y ahí hay, claramente, un derroche del esfuerzo tanto de quienes la cursaron, como de la universidad pública que invirtió para formar a esos profesionales que no pueden tener su título.

EP: ¿Cómo ves el futuro de esta reforma?
GP:
Se va a dar seguro! Todo el mundo está de acuerdo en que es necesaria e inevitable. La carrera de comunicación tiene una base de estudiantes que permite una reforma que no sea expulsiva, sino que contenga a todos e, inclusive, que abra nuevas zonas de conocimiento, nuevas propuestas de materias y de cátedras. Por lo tanto, no hay un núcleo que se oponga a la reforma. Lo que sí hay son antagonismos políticos de quiénes son los que la impulsan, de cómo se tramita, cómo se construye esa legitimidad. Pero esto va a suceder en un plazo no muy largo: a fin de año habrá una propuesta concreta. Nuestro imaginario es que el año que viene vamos a poder elevar esa propuesta de reforma al Consejo Directivo.

EP: Una situación que, como parte de la carrera, nos llama la atención en la presencia en los medios de docentes de la carrera, cosa que sucede muchísimo más que años anteriores, ¿cómo se puede explicar esto?
GP:
Hace un par de años atrás la discusión sobre los medios era ocultada. Los medios no hablaban sobre los medios, no hablaban sobre política de medios. Se suponía que lo que decían los medios era la verdad objetiva. Ahora todo eso se ha puesto en discusión. En cualquier asado del día domingo se discute sobre Clarín, sobre 6, 7,8… todo eso ha formado parte de la cotidianeidad y ha obligado a que los medios recurran a quienes venimos estudiando, analizando y reflexionando sobre el accionar y las implicancias que tiene la construcción mediática. Me parece que en ese sentido hay una revalorización de la temática en sí, de la discusión en sí y que, en buena hora, recurren a gente formada en la universidad y a nosotros que somos parte de la universidad pública. En otro momento, en los 90, era mucho más asiduo que vayan los especialistas de la Universidad del Salvador, de la Universidad Austral.

 

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