Cultura Popular Carnavalesca !

Qué bien que nos vienen estos días feriados por carnaval! Toda Latinoamérica celebra estas fechas y hace poco en Argentina volvimos a festejar. Pero  qué es el carnaval? Desde cuándo se festeja? En esta nota vamos a hacer un breve recorrido y, a través de algunos autores que  lo han estudiado en profundidad, llegaremos a los orígenes y develaremos su esencia.

François Rabelais (1494-1553) fue un escritor francés que tuvo contacto directo con las culturas populares de la Edad Media que dieron origen al Carnaval: él mismo caminaba en las plazas públicas donde se llevaba adelante esta fiesta.  Mijail Bajtín (1895-1975), gran lingüista y semiótico ruso, se dedicó a estudiar la obra de Rabelais y el carnaval. A partir de la lectura de estos dos autores, les acercamos este relato.


Para hablar del carnaval hay que remontarse al sistema de acumulación feudal de la Edad Media. Hacemos hincapié en este período ya que luego de la Reforma Cristiana estas relaciones y estos festejos se verán modificados. Durante la Edad Media el carnaval era la fiesta más esperada y se celebraba constantemente. Se asociaba al trabajo agrícola y se configuraba como un momento de excesos, ya que después de los festejos llegaba el momento de latencia de la tierra.

La cultura carnavalesca tiene múltiples manifestaciones. Su rasgo distintivo consiste en los ritos cómicos y una visión del mundo del hombre y las relaciones humanas muy diferente a la que ofrecían la Iglesia y el Estado feudal: de ahí su carácter no oficial y el origen de un segundo mundo y una segunda vida.  El carnaval está situado en las fronteras entre el arte y la vida: durante el carnaval es la vida misma la que juega e interpreta su principio, renacimiento y renovación sobre la base de mejores principios. Es la vida misma, pero presentada con otras características de juego. Aquí se ignora toda distinción entre actores y espectadores: estos no asisten a la celebración, sino que la viven, ya que está hecho para todo el pueblo. Aquí se manifiesta su carácter universal.

El carnaval se diferencia de las fiestas oficiales ya que estas no sacaban al pueblo del orden existente ni eran capaces de crear una segunda vida. Al contrario, contribuían a consagrar, sancionar y fortificar el régimen vigente y consagrar la desigualdad. En cambio, el carnaval era una liberación transitoria de la situación vivida. Se oponía a toda perpetuación de ese régimen e impartía la posibilidad de igualdad, estableciendo nuevas relaciones verdaderamente humanas, desapareciendo la alienación. Se daba la abolición provisoria de las diferencias y barreras jerárquicas entre los hombres: era un contacto familiar y sin restricciones. Esto generó un intercambio recíproco entre las culturas y préstamos en los dos polos, ya que era una fiesta universal de la que participaban todos, sin importar las jerarquías sociales. Los señores feudales, los feudos, los bufones, los juglares, el clero y demás representantes de la pirámide social medieval, acudían a la plaza pública (el lugar de celebración) para continuar con la tradición de este rito.

La eliminación provisional de las relaciones jerárquicas creaba un tipo particular de comunicación. Se elaboraban formas especiales de lenguaje que abolían toda distancia entre los individuos, dando lugar al nacimiento del lenguaje carnavalesco. El carnaval medieval originó una lengua propia y una cosmovisión propia que comporta dos aspectos fundamentales: la degradación y la ambivalencia. El componente esencial de esta fiesta era el humor carnavalesco y, consiguientemente, la risa carnavalesca, un elemento que atraviesa a la cultura cómica popular.  Esto no es una reacción individual ante hechos singulares, sino que la risa carnavalesca es patrimonio del pueblo: todos ríen. La risa es general, universal y ambivalente. Así, se generaron nuevas formas de comunicación y nuevas formas lingüísticas. El lenguaje carnavalesco se caracterizaba por el uso frecuente de groserías o expresiones injuriosas. Estas blasfemias dirigidas a las divinidades constituían un elemento necesario en los cultos cómicos más antiguos. Estas eran ambivalentes: degradaban y regulaban, contribuían a la creación de una atmósfera de libertad. Se utilizaban con frecuencia expresiones verbales prohibidas de la comunicación oficial, éstas asimilaron la cosmovisión carnavalesca, modificaron sus antiguas funciones, adquirieron un tono cómico y se convirtieron en un componente esencial del carnaval.

 

Para concluir, se puede observar dos aspectos característicos que presentaba el carnaval en la Edad Media. Por un lado significaba una resistencia: posibilidad de vivir una segunda vida que escapaba a la realidad, permitía escapar del orden social vidente. Presentaba la sensación de igualdad. Y, por otro lado, presentamos la noción de circularidad: se dio lugar a un sistema de préstamos de ideas y de conceptos entre la cultura popular y la cultura oficial, generando una reinterpretación. No  daba una domesticación total, en la Edad Media había un ida y vuelta fluido y recíproco, porque las clases altas participaban de los carnavales, había un contacto que permitía el intercambio.

 

El carnaval también generó un sistema de imágenes propio, el Realismo Grotesco, pero esto constituye otro capítulo interesante dentro de la cosmovisión carnavalesca, así que lo haremos en un próximo post dedicado especialmente a este tema.

 

 

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