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El 8 de marzo es el día internacional de la mujer y, para que así sea, tuvieron lugar una serie de sucesos a nivel mundial, protagonizados por mujeres.

El primer hito se remonta a 1910, a la ciudad de Copenhague, a la celebración de la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. Gracias a la propuesta de Clara Zetkin, en ese encuentro se aprobó el establecimiento del Día Internacional de la Mujer Trabajadora para comenzar a luchar por sus derechos y reivindicaciones.

Otro momento a destacar es el 25 de marzo de 1911en Nueva York, cuando un grupo de mujeres empleadas de una fábrica de camisas llamada “Triangle Shirtwaist Company”, comenzaron a protestar por las condiciones en las que trabajaban. Ante esta situación, el dueño de aquella decidió encerrarlas y prender fuego la fábrica, provocando la muerte de 129 mujeres.

El 8 de marzo también se recuerda la rebelión femenina de Petrogrado en 1917 (ex capital de Rusia y actual San Petersburgo y 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado en ese entonces). Ese día, las mujeres tomaron las calles sin organización ni planificación previa, marcharon al Palacio del Invierno del Zar y exigieron alimentos para sus familias.En ese momento, las tropas recibieron la orden de reprimir la protesta, pero no lo hicieron. Al contrario, se dirigieron contra el propio Zar: pues ya se había instalado la semilla de la Revolución Rusa y se aproximaba uno de los hitos de la historia de la humanidad. Más tarde se estableció un gobierno provisional que por primera vez concedió a la mujer el Derecho a Voto.

Otro hecho importante fue la adhesión a la defensa de la mujer y de sus derechos por parte de las Naciones Unidas, que en 1945 firmó en San Francisco una carta que constituye el primer acuerdo internacional que defiende la igualdad de ambos sexos como derecho fundamental e indiscutible.

Sin embargo, fue a partir de 1977, que la Organización de las Naciones Unidas declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer en conmemoración de su lucha por la intervención, participación y gestión dentro de la sociedad.

En realidad, más que celebrar un día particular dedicado a la mujer, es necesario detenernos y preguntarnos… por qué se celebra esta fecha? es un llamado de atención y una invitación a la reflexión: si este día existe, es porque fue necesario reconocer e igualar. Esto indica que en algún momento (aún hoy), la mujer fue objeto de discriminación y considerada una minoría carente de derechos … Entonces, no sólo digamos “felíz día”, también detengámonos a pensar en las injusticias que se han cometido (y aún se cometen) y se ejercen sobre la mujer.
Si bien se consiguieron muchos reconocimientos de los derechos de la mujeres, hoy en día existen resabios de aquellas injusticias y se manifiestan, quizás, en otros modos de discriminación e intolerancia, tales como la violencia de género y la trata de personas, casos muy visibles a nivel mediático por estos días. Entonces, tomémonos este día para analizar, reflexionar y accionar para poder avanzar hacia una sociedad más justa y más igualitaria.

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Sumgait es una ciudad ubicada en Azerbaiján, muy cerca del Mar Caspio y, en tiempos de la Unión Soviética, convivían allí armenios, azeríes, rusos y judíos de forma pacífica. En este contexto y los armenios en particular, cumplían un papel clave y se destacaban por sus profesiones. Se desempeñaban como ingenieros, médicos, profesores universitarios, docentes, etc, es decir, tenían un rol fundamental en el desarrollo de esa sociedad.

A fines de los años 80, cuando la URSS comenzaba a resquebrajarse, salieron a flote los odios étnicos, la intolerancia a los otros, signados por un chovinismo latente y profundo que esperaba ver la luz. Como represalia a los intentos independentistas de Nagorno Karabakh, un territorio que históricamente pertenece a Armenia y fue poblado siempre por armenios, los azeríes buscaban revancha.

El 27 de febrero de 1988 tuvieron lugar los lamentables hechos que luego serían conocidos bajo el nombre de “pogrom de Sumgait”. Pogrom en ruso significa devastar y hace referencia a levantamientos organizados por parte de una población civil contra otra, con el objeto de eliminarla: sintetizando, consisten en matanzas hacia las minorías. Exactamente eso fue lo que sucedió en aquél tiempo. Grandes grupos azeríes se organizaron bajo el mismo objetivo: atacar y destruir a los armenios que allí vivían. Es importante destacar la complicidad policial y política que se dio en Azerbaiján, pues es claro indicador de esa intolerancia y deseo de destrucción masiva de lo que ellos consideraban otredad. Se vivieron momentos de gran tensión: las turbas frenéticas cumplían con su plan sistematico: asesinatos, saqueos, incendios, violaciones… claro que no importaba ni el género ni la edad… una gran masacre. En esos episodios había cierta reminiscencia a lo que había ocurrido el 24 de abril de 1915: el genocidio contra el pueblo armenio por parte del Estado Turco. Habían pasado varios años, pero el objetivo era el mismo: exterminar al pueblo armenio… esa noche comenzaron las deportaciones masivas y los asesinatos de un millón y medio de personas. La misma matriz se presentaba nuevamente. El odio racial, la intolerancia, el imperialismo y la sed de destrucción volvían a imponerse por sobre la humanidad.

La situación en Sumgait comenzó a calmarse cuando tanques y unidades militares soviéticos entraron a la ciudad, imponiendo el estado de ley marcial y el toque de queda. El saldo fue más de 300 víctimas fatales, la destrucción total de viviendas, deportaciones y la imposición de la injusticia y una demostración de un estado de incultura feroz. Esto fue a lo que condujo el ciego nacionalismo azerí, apoyado por intereses políticos y económicos, repitiendo errores que degradan la dignidad humana.

Pero esto no quedó acá. En enero de 1990 nuevos episodios de violencia acontecieron en Bakú, la capital de Azerbaiján. Nuevos pogroms contra los armenios dejaron un saldo de 700 personas afectadas entre la muerte y heridas, un calco de lo que había pasado el Sumgait: robos, muertes, saqueos, deportaciones, violaciones y los más terribles crímenes. Esto puso en evidencia, nuevamente, la complicidad política acontecida.

Todos sabemos que las acciones del hombre son promovidas por intereses: ex nihilo nihil. Entonces, está más que claro que nada de esto fue casual, no hubo nada de azaroso ni inocente en este pogrom, tampoco fue un hecho aislado, sino que es parte de la herencia turca, signada por el odio y el chovinismo: son hechos motivados y promovidos… y si algo aprendimos con la historia de la humanidad, es que no hay nada inocente en este tipo de acontecimientos. De hecho, Human Rights Watch en un informe respecto al tema pronunció: “estas acciones no fueron espontáneas, ya que los atacantes tenían las listas de los armenios y sus direcciones”[1].

Así como el Estado turco continúa negando la existencia del genocidio, el Estado azerí le resta importancia a estos sucesos y, como si fuera poco, exige como propia y sin fundamento alguno, la República de Karabakh. Hasta cuándo? Un poco de memoria y a hacernos responsables de la historia de cada uno.

Por Eugenia Akopian

 


[1] [1] Conflict in the Soviet Union: Black January in Azerbaidjan, by Robert Kushen, 1991, Human Rights Watch

 

 

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Qué bien que nos vienen estos días feriados por carnaval! Toda Latinoamérica celebra estas fechas y hace poco en Argentina volvimos a festejar. Pero  qué es el carnaval? Desde cuándo se festeja? En esta nota vamos a hacer un breve recorrido y, a través de algunos autores que  lo han estudiado en profundidad, llegaremos a los orígenes y develaremos su esencia.

François Rabelais (1494-1553) fue un escritor francés que tuvo contacto directo con las culturas populares de la Edad Media que dieron origen al Carnaval: él mismo caminaba en las plazas públicas donde se llevaba adelante esta fiesta.  Mijail Bajtín (1895-1975), gran lingüista y semiótico ruso, se dedicó a estudiar la obra de Rabelais y el carnaval. A partir de la lectura de estos dos autores, les acercamos este relato.


Para hablar del carnaval hay que remontarse al sistema de acumulación feudal de la Edad Media. Hacemos hincapié en este período ya que luego de la Reforma Cristiana estas relaciones y estos festejos se verán modificados. Durante la Edad Media el carnaval era la fiesta más esperada y se celebraba constantemente. Se asociaba al trabajo agrícola y se configuraba como un momento de excesos, ya que después de los festejos llegaba el momento de latencia de la tierra. leer nota completa »

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Felicidades a todos los niños…. y a todos nosotros por ese niño que  llevamos dentro!

No nos olvidemos que este día está dedicado a la fraternidad, comprensión y, fundamentalmente, a la promoción de los derechos de los niños. En 1954 la ONU recomendó a cada país que celebre este día en la fecha que creyera conveniente.
Estos derechos fueron plasmados en un documento realizado en 1959 por la Asamblea General de las Naciones Unidas:

Declaración de los Derechos del Niño

PREÁMBULO

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre y en la dignidad y el valor de la persona humana, y su determinación de promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad,

Considerando que las Naciones Unidas han proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos que toda persona tiene todos los derechos y libertades enunciados en ella, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, opinión política o de cualquiera otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, leer nota completa »

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Durante la Edad Media, una de las formas y rituales del espectáculo era el carnaval. Mijail Bajtin, plantea que aquel no puede ser pensado como un espectáculo sino como una forma de vida. Lo festivo, como humor carnavalesco, era popular en tanto todos ríen; universal ya que se podían reír de todo incluso hasta de lo oficial y ambivalente, es decir, que tenia dos valencias, lo positivo y lo negativo estaba siempre presente al mismo tiempo (vida y muerte, alto y bajo). El cuerpo que caracterizó a esta época, es un cuerpo grotesco: no individual, inacabado que conforma una unidad con la naturaleza y el cosmos. Es un cuerpo exagerado, infinito, ligado tanto a la fertilidad como a la muerte. El énfasis está puesto en las partes del cuerpo en que éste se abre al mundo exterior, por ejemplo, la boca abierta, los órganos genitales, nariz, panza, etc. Las actividades que le dan placer al hombre carnavalesco son, justamente, aquellas en las que se transgreden los límites, en las que el cuerpo desbordado vive plenamente su expansión hacia fuera: el acoplamiento, la gravidez, la muerte, comer, beber, satisfacer las necesidades naturales. El acento está puesto en un hombre que no puede ser percibido fuera de su cuerpo, de su comunidad y del cosmos. El carnaval instituye la regla de la transgresión que lleva a los hombres a una liberación de las pulsiones habitualmente reprimidas. Es importante recordar, que todo esto se relaciona con un modo de producción feudal, el cual, se caracterizaba por un control comunitario. No había acumulación y apropiación de capital de una clase en detrimento de otra.

Cuando comienza el pasaje de una economía feudal a una economía capitalista, se da inicio a lo que Norberto Elías denomina el proceso de civilización, es decir, un proceso de individualización que permitirá un autocontrol del cuerpo. El concepto civilización comienza a tener un significado especial a partir de la obra de Erasmo de Rótterdam. El mismo, estaba dedicado a un muchacho noble, hijo de un príncipe, para su adoctrinamiento. Erasmo habla, entre otras cosas, de la apariencia de las personas y da consejos para que otras aprendan. Este proceso civilizatorio se realizará en un doble nivel: la coacción a nivel social (macro) y la autocoacción a nivel individual (pudores, moral, aplacamiento de las pulsiones, micro), Esto significa que la racionalización, como mecanismo inherente a este proceso o al mundo que se despliega técnicamente, no es sólo un proceso de orden individual sino una de las coordenadas que orientan la acción social, que proyectan un modo de comportarse y de entender el mundo. Esta racionalización impactará directamente sobre los contenidos de conciencia, que se hará menos permeable a la emergencia de los instintos.

Los civilizados, guiados por la razón, saben distinguir entre lo bueno y lo malo, saben autocontrolarse. En cambio, del lado de la pasión, esta la naturaleza, la cual se expresa como falta de autocontrol, exacerbación de la emoción que no permite distinguir entre lo bueno y lo malo. El nuevo discurso de la modernidad será, entonces, que el sujeto racional debe dominar, controlar al pasional por su seguridad.

En esta economía del instinto, dice Elías, hay un fuerte avance del sentimiento de vergüenza como miedo a la degradación social o a los gestos de superioridad de los otros. Es un conflicto del individuo con la opinión social predominante y con aquella parte de su yo que representa a la opinión social; es un conflicto de su espíritu. En el mismo periodo histórico-social en que progresa de forma evidente la racionalización, se observa un avance de los límites del pudor y de los escrúpulos.

La estabilidad peculiar del aparato de autocoacción psíquica se encuentra en intima relación con la constitución de los institutos de monopolio de la violencia física y con la estabilidad creciente de los órganos sociales centrales. Solamente con la creación de dichos institutos, se crea ese aparato formativo que sirve para inculcar al individuo desde pequeño la costumbre permanente de dominarse (autocontrolarse). El cuerpo tiende a la distracción, a buscar el placer y a huir del dolor y de las obligaciones, por eso hay que controlarlo, adiestrarlo, argumenta la racionalización de la modernidad. El cuerpo, ahora separado del hombre, es blanco de poder plantea Foucault. El cuerpo dócil es aquel que puede ser sometido, transformado, utilizado. El hombre se aparta del cosmo, de los otros y de si mismo. El cuerpo moderno es el cuerpo maquina que nada tiene que ver con el cuerpo carnavalesco de la Edad Media. Y es que el nuevo modo de producción capitalista necesita un nuevo cuerpo útil, capaz que obtener el mejor rendimiento en el menor tiempo posible. Ello implica el puro dominio de la razón por sobre la pasión.

Foucault plantea la mirada como arma de control. Una mirada que recae e impacta en el cuerpo que no solo será controlada sino también, y centralmente, subjetivadora en su repetición. Se trata de una mirada que ejerce una coerción interrumpida con vistas a hacer del cuerpo del hombre un cuerpo docilizado y apto para un determinado modo de producción. Es una mirada que termina siendo internalizada al punto tal de ser administrada automáticamente. En la sociedad disciplinaria, las emociones y potencias del cuerpo reciben continua presión para seguir conductas determinadas, a estar sensibilizados a la voz de mando. Así, debemos destacar el carácter productivo, es decir, de producción de subjetividades propio de este sistema centrado en la mirada y el poder. Y es que estamos frente a un poder que no solo domina y oprime, sino también, que forma. Sin embargo, esta dimensión productiva no debe entenderse en un sentido mecanicista. Que haya poder no significa que solo haya sometimiento sino también que existe un ámbito de resistencia. No todo es panóptico.

Ilustración que aparece en el prólogo del libro “Gargantúa y Pantagruel” de Francois Rabelais, uno de los escritores que describió y estudió la cultura popular