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El 9 de julio de 1816 en el Congreso de Tucumán, se declaró la independencia de nuestra patria. El acta de la declaración dice:

«Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en congreso general, invocando al Eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protextando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuparar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli«.

27.06.2011

El folletín

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En este post vamos a hablar sobre el folletín y su rol en el proceso de expansión de la Industria Cultural, analizando los factores que pueden asociarse con su expansión, la época de su surgimiento y otros fenómenos de la historia de los medios, propios del capitalismo industrial.

A mediados del siglo XVIII aparece el folletín en Francia. Se trataba de una publicación al pie de los diarios con el objetivo de difundir  novelas, redacciones literarias, artículos científicos. Tiempo más tarde, recomenzó a utilizarlo sólo para denominar a la publicación de novelas. Los diarios lo utilizaron con fin recreativo, que atrapara al lector, que les garantizara el mayor consumo. El folletín surge en el marco del Romanticismo francés y coincidió (no casualmente), con la alfabetización de las clases bajas europeas. Se la considera como una “literatura escapista” de bajo costo que permitía a estas clases formar parte de la Industria Culturar que comenzaba a surgir y, al mismo tiempo, ayudaba a vender masivamente los periódicos en los que se publicaban las historias..

El atractivo del folletín residía en el suspenso que lograba generar la situación final sin resolver, que se comprometía a resolverse en la próxima edición que, a su vez, presentaba un nuevo conflicto y así sucesivamente. Esto le permitía al diario acaparar un publico masivo que consumía ese producto en cada edición. Para la elite letrada, el folletín era considerado un genero vulgar, por ser escandaloso, morboso y, además, porque la misma novela era considerada un género inferior (aunque esta visión se modificó posteriormente).

El folletín es producto de la Industria Cultural que se estaba generando, que permitía al escritor profesionalizarse y liberarse del mecenazgo, aunque muchas veces requería un segundo trabajo para subsistir. Recordemos que aún se transitaba el siglo XVIII. Uno de los factores más influyentes en el desarrollo de esta Industria Cultural, es el ascenso social, económico y político de la burguesía, que conformaron en un condicionante a través de sus gustos de la producción cultural. Al tiempo, el folletín se expandió por toda Europa.

Por la estrecha relación que se establecía entre el escritor y el lector (muchos autores planteaban que el folletín era “escrito” por el publico), el folletín, era considerado como parte de lo que se denominaba “Arte Burgués”: producción comercial determinada por el mercado. Esto generaba un gran rechazo por aquellos que eran partidarios del “Arte por el Arte” (Boudelaire, Flaubert), quienes se oponían a todo tipo de condicionamiento que no correspondiera al propio campo del arte, considerado como autónomo y regido por sus propias leyes. Lo acusaban de moralizador e idealista.

Uno de los grandes folletines publicados fue “Los misterios de París”, de Eugene Sue (1842), quien escribió acerca de las miserias del pueblo, lo que llevó tanto a la conciencia de lo que vivían las clases bajas, como a un gran consumo masivo. Una de las características de su escritura era la simplicidad: “escribía como se hablaba”, causando una proximidad entre el lector y la obra. Si bien algunos autores lo critican por considerarlo reaccionario, acusándolo de aprovecharse de la miseria o platearse como salvador.  Pero en realidad, las soluciones sugeridas no eran más que soluciones para que todo siguiera igual (reformista). Por otro lado, también  se lo consideraba como parte del arte social, del que denunciaba las injusticias. La burguesía rechazaba sus escritos, pero, sin embargo, también lo leía. Otro de los grandes autores de esta publicación es Alejandro Dumas, con sus obras “Los tres mosqueteros” o “El conde de Montecristo”.

En la Argentina, Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez, fue uno de los primeros folletines  publicados, alrededor de 1879, en “La patria Argentina”. Éste relataba la historia real de un gaucho que andaba errante por la vida. Éste constituye uno de los escritos más importantes de la literatura del país y se enmarca dentro del romanticismo hispanoamericano. Así como en Europa, en Argentina también recibió críticas por parte de la elite literaria que la catalogaban “de mal gusto”.

Lo cierto es que el folletín comenzó teniendo pequeños espacios en los periódicos del siglo XVIII y fue ganando un gran público y se constituyó como una lectura de las masas. De esta forma, muchas de las grandes producciones literarias que conocemos hoy, comenzaron con este formato. Para nombrar sólo algunas podemos mencionar:

.Los Miserables de Balzac

. Madame Bovary de Flaubert

. Crimen y castigo de Dostoievsky

. La guerra y la paz de Tolstoy

Los misterios de París, de Eugene Sue

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«Tzitzernakaberd» (Ereván, Armenia) – Monumento dedicado a las víctimas del genocidio del pueblo armenio, prepetrado por el Imperio Otomano (Estado Turco) de 1915 a 1923.

El 24 de abril de 1915, para el pueblo armenio y la comunidad armenia internacional, no es un día más. El gobierno de los Jóvenes Turcos del Imperio Otomano (actual Estado de Turquía) decidía ponerle punto final a la “cuestión armenia”, dando comienzo así, al genocidio de armenios. El gobierno de los Jóvenes Turcos, decidía transformar en política de Estado la sistemática matanza de armenios en el extenso territorio de la Armenia Occidental y Anatolia. Fue así como en medio de la Primera Guerra Mundial, y ante la presencia de las poderosas potencias imperiales de aquel entonces, los Jóvenes Turcos daban cumplimiento a aquella decisión aniquilando a centenares de miles de armenios, deportándolos de sus tierras ancestrales, saqueándoles sus pertenencias, ocupando sus propiedades, secuestrando a sus mujeres y niños, y arrasando con el milenario patrimonio histórico-cultural existente. Los armenios eran arrancados de sus casas, y deportados hacia las afueras de las ciudades, al desierto, para dejarlos allí morir de sed y hambre, o fusilados por el ejército turco. Los que lograron cruzar el desierto y escapar, llegaron a las fronteras de Siria, Líbano, Irán, Grecia, donde fueron recibidos y donde pudieron reconstruir sus vidas. Mas tarde, muchos de ellos emigraron hacia todo América y Europa.

En aquel entonces, algunas voces se alzaron clamando piedad o describiendo la tragedia. Incluso lograban ser escuchadas. Mientras, las potencias seguían repartiéndose la región y sus riquezas a costa de enfrentar pueblos y de regar con sangre cada centímetro de tierra avasallada. El genocidio de armenios duro hasta el año 1923 dejando a su paso 1.500.000 muertos y centenares de miles de exiliados.

¿Por qué tomamos el 24 de abril como la fecha para conmemorar el genocidio de armenios?

En la madrugada del 24 de abril de 1915, el ejército turco secuestraba y asesinaba de inmediato alrededor de 600 intelectuales armenios en Constantinopla, entre ellos importantes políticos, escritores, militares y sacerdotes, dejando así sin referentes al pueblo armenio para organizar cualquier tipo de defensa. Durante los días siguientes y sin perder tiempo, comenzaba la deportación y asesinato sistemático de armenios.

Hoy

La República Argentina a través de una ley nacional, se suma a los reconocimientos internacionales del Genocidio Armenio. La Ley Nacional 26.199 fue aprobada por unanimidad en ambas del Congreso Nacional y promulgada el 11 de Enero de 2007 por el entonces Presidente de la Nación Dr. Néstor Kirchner, declara el 24 DE ABRIL “DÍA DE ACCIÓN POR LA TOLERANCIA Y EL RESPETO ENTRE LOS PUEBLOS” EN CONMEMORACIÓN DEL GENOCIDIO SUFRIDO POR EL PUEBLO ARMENIO.

El 29 de Diciembre del año 2000 el Escribano Gregorio Hairabedián, con el patrocinio letrado de su hija Dra. Luisa S. Hairabedian, inició un Juicio por el Derecho a la Verdad del Genocidio Armenio relativo a la búsqueda de la verdad y la lucha contra la impunidad del Genocidio de Armenios por parte del Estado de Turquía durante los años 1915/23, del cual específicamente fueron víctimas integrantes de su familia paterna y materna radicada en dicha época en los vilayetos de Palú y Zeitún, respectivamente.

A partir de la recolección de testimonios orales de sobrevivientes del Genocidio Armenio, la clasificación y selección de documentos internacionales que prueban de forma incontrastable la existencia de crímenes y graves violaciones a los DDHH que evidencian la existencia de una planificación del exterminio de armenio por parte del Estado Turco, la Fundación Luisa Hairabedian presentó en diciembre del 2010 un escrito judicial ante el Juez Oyarbide para instar una declaración y calificación de los hechos denunciados como “genocidio”.

Con la presentación de pruebas y el escrito judicial que analiza las mismas y le solicita al juez que dicte sentencia, el Dr. Oyarbide resolvió que Turquía cometió GENOCIDIO contra el pueblo armenio y puntualmente contra la familia de Gregorio Hairabedian

 

Actos conmemorativos:

Los jóvenes de la comunidad armenia de Buenos Aires organizan el “ENCUENTRO POR LA VIDA, LA VERDAD Y LA JUSTICIA”, el 4 y 5 de mayo próximo en el Centro Cultural Haroldo Conti (ex ESMA). El objetivo de este evento es conmemorar el 96° aniversario del Genocidio Armenio y celebrar la reciente resolución de la justicia argentina que dictaminó a Turquía como culpable del delito del genocidio contra el pueblo armenio. CLICK AQUÍ PARA MÁS INFO

La llama eterna en el monumento a los mártires

13.09.2010

Ararat

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Fotos: Eugenia Akopian

El Ararat es parte de Armenia histórica y forma parte de los símbolos patrios de ese país. Según el libro del Génesis, el Arca de Noé se posó en este monte luego del Diluvio Universal. Su imponente altura de 5.165 metros hace que sea visible desde gran parte de la capital armenia, Erevan. Éste fue el deseo del arquitecto A. Tamanyan, quien diseñó la ciudad en 1924 para que cada armenio pueda ver desde su ventana el mítico monte.

A veces se esconde tras las nubes y se refugia entre ellas. Se hace desear. Se sigue escondiendo. Pero una vez que se deja ver, lo hace con toda su majestuosidad y hace valer la espera.  Se hace inevitable no buscarlo y mirarlo y mirarlo. Despliega una paleta de colores, imponiéndose como guardián de una cultura y un pueblo milenario.  Transmite paz… energías… buenas vibras… fuerza… poder.  Hace que los segundos se detengan, creando una atmosfera de sensaciones infinitas.

Simplemente, Ararat… majestuoso e imponente

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Martirós Sarian nació el 28 de febrero de 1880, en Nor Nakhicheván, Rusia, donde vivían, en su mayoría, armenios provenientes de Nakhicheván.  En 1895, se recibió de la escuela de Nor Nakhicheván y desde 1897 a 1904 comenzó sus estudios en arte en la Escuela de Arte de Moscú.  Sus obras artísticas fueron claramente influenciadas por los estilos de Paul Gaugin y Henri Matisse. Una de las características de la pintura de Sarian fueron los paisajes, en su mayoría referidos a las montañas, bosques, ríos y lagos de Armenia.

Fue testigo de hechos aberrantes de la historia del hombre del siglo XX: presenció dos guerras mundiales y el genocidio que sufrió el pueblo armenio entre 1915 y 1923.

En el período de 1910 a 1913 viajó por Turquía, Irán y Egipto, donde se vio influenciado por las corrientes artísticas de las mencionadas regiones. Para esa época, ya era un pintor reconocido y consagrado.  Luego, volvió a Armenia, precisamente a la ciudad de Echmiadzín, para brindar ayuda a los refugiados que habían escapado del genocidio, mostrando un gran compromiso social con su pueblo y su país: “la orgía de la muerte se derramaba en un gigantesco mar humano hasta las laderas del Ararat. Sólo en las horas de la noche los quejidos y gritos de ayuda se calmaban apenas. La muerte tragaba su porción diaria… ¿qué se podía hacer? Nunca en mi vida me sentí tan impotente”[1]. En este lapso Sarian dejó de pintar y se dedicó plenamente a asistir a las víctimas. Su dolor fue tan fuerte que tuvo alteraciones nerviosas y psicológicas, de las cuales no pudo recuperarse por un largo tiempo.

Luego de la Revolución Rusa se trasladó Rusia por un período de tres años, para después volver ya definitivamente a Armenia.  El paulatino florecimiento de su patria lo hizo revivir: presenció el renacimiento de su pueblo que lo inspiró a continuar con su labor. Durante estos años, “Sarian conservó su interés por la naturaleza muerta, los paisajes y los retratos. Mientras que en el período anterior prevalecía lo general sin destacar detalles, ahora comenzó a prevalecer un interés especial hacia los detalles y lo individual. No son flores, frutas, montañas, gente, sino que son éstas flores, éstas frutas, éstas montañas, ésta persona las que se sitúan en el centro de atención del artista”[2].

Durante su vida artística en Armenia se caracterizó por ser un gran paisajista, pero además, fue quien diseñó el escudo de la República Socialista Soviética de Armenia, fue elegido como diputado del Soviet Supremo de la URSS y fue galardonado con la Orden de Lenin[3] tres veces y otros premios y medallas.

Sarian murió en Ereván, a los 92 años, el 5 de mayo de 1972. Su antigua casa se ha convertido en un museo dedicado a su trabajo con cientos de artículos en exhibición. Además de esto, el museo también funciona como centro de investigación artístico, donde se realizan diferentes análisis de obras de arte.

Sus obras se exponen en la Casa-Museo Martirós Sarian (Foto 1), Sarian Street 3, Erevan, Armenia y en la Galería Nacional de Arte de Armenia (Foto 2), ubicado en la Plaza de la República.


[1] Sarian, Martirós. De mi vida. Moscú 1970.  Pág. 242

[2] Stepanian , Nonna. Arte de Armenia. Editorial Sovetsky Khudoznik. Moscú 1989. Pág. 187

[3] Galardón civil más importante de la URSS