Entrevista exclusiva con Aram Aharonian, creador de TeleSur

¿Cómo ve los medios de comunicación en América Latina?

Hay una concentración de los medios en muy pocas manos, cada vez menos. En América Latina corremos el riesgo de que aquellas viejas dictaduras militares de hace 30 años sean hoy sustituidas por dictaduras mediáticas. Antes los medios eran el “cuarto poder” fiscalizador de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial; hoy se han convertido en un poder que no hay quién lo fiscalice, para lo cual tendríamos que crear un quinto poder. Ese debería ser el de los usuarios o de la ciudadanía, para poder controlar a los medios de comunicación que presionan y son representantes de grandes grupos económicos. Los medios dan la palabra, la quitan, deciden quiénes son los protagonistas, quiénes son los antagonistas. Deciden, sobre todo, la agenda informativa y la agenda política de los Estados.

En América Latina hay un claro monopolio por parte de grandes grupos multimedios. ¿Cómo influye esto en el mapa de medios de la región?

El tema es que Clarín en Argentina, O Globo en Brasil, Mercurio en Chile, Televisa y Azteca en México, no dejan respirar a nadie. El hecho no es sólamente tener el medio, sino dominar la torta publicitaria, la opinión pública, marcar la agenda. Es brillante, porque estos conglomerados tienen diarios oficialistas, diarios de oposición, van desde la fabricación de papel (en el caso de los diarios) hasta los grandes multimedios. Esto se da con el aval y el respaldo de los Estados. Si hablamos de democratización, hasta que no logremos poner a estos medios en su lugar no se puede llegar a nada. Por ejemplo, hay una confusión muy grande: la gente cree que estos grandes medios son dueños de la televisión y no es así. Hay una concesión que les da el Estado, ya que las ondas electromagnéticas son patrimonio de la humanidad administradas por los Estados y los Estados somos todos. Entonces, hasta que no logremos una democratización de las frecuencias, todo lo demás es hablar en vano. La lucha principal tiene que ser por la oportunidad de acceso igualitario de todos los ciudadanos a las frecuencias.

¿Cómo se puede contribuir a la democratización de la comunicación en general y de los medios en particular? ¿Qué rol deberían jugar los Estados?

Primero, nadie puede creer que es dueño de una televisora o una radio, sino que goza de la concesión de frecuencia que le da el Estado por tiempo determinado y con condiciones precisas para su explotación. Hoy, los grandes medios comerciales de comunicación intentan tomar el rol que hace 30 años tenían los militares: convertirse en el primer poder. En América latina se necesitan en forma urgente leyes de radiodifusión que repartan las frecuencias en tres partes: una privada, otra estatal y rescatar el espacio público para las organizaciones sociales, universidades, sindicatos, gobiernos locales, formadores de ciudadanía y no de consumidores.

¿Qué estrategia habría que plantear para que los medios de comunicación se construyan como herramientas para la transformación social? ¿Pueden asumir ese papel?

El medio como herramienta es un medio para informar y para formar y, actualmente, no cumple generalmente con ninguna de estas dos tareas. Es también una estafa al consumidor, porque en vez de darte información te dan opinión y en lugar de opinión te dan propaganda.

TELESUR

¿Cómo surgió TeleSur?

TeleSur, que nació en el 2005, es un viejo sueño de periodistas, de trabajadores de la cultura latinoamericanos. Siempre peleamos por la utopía de un medio de comunicación que nos integrara en América Latina. TeleSur surgió en circunstancias donde había cambios sustantivos en América Latina, inimaginables 10 años atrás. Se dio en un momento en el cual hubo una baja estrepitosa de los precios de la tecnología y se dio porque apareció una convicción política de tener espacios públicos. El proyecto fue asumido desde el principio por el gobierno de Venezuela, impulsándolo para que luego se fueran sumando Argentina, Uruguay, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, y así sucesivamente, como accionistas. Esto no quiere decir que los Estados tengan mayor participación en la programación ni nada por el estilo, sino que son parte del directorio de la empresa. TeleSur surgió como un proyecto político y estratégico: político porque un Estado se presenta para la recuperación del espacio público; estratégico porque se convierte en una alternativa al mensaje hegemónico, porque hay que romper una cantidad paradigmas asentados durante muchos años y hay que entender, entre otras cosas, que alternativo no significa marginal. Todavía calificamos de alternativos a los pequeños medios, pero que no son alternativos a nada. Para ser alternativo tiene que haber una opción diferente a la regente. Para ser realmente alternativo al mensaje hegemónico hay que tener tecnología de punta, la misma calidad de forma y mucha mejor calidad de contenido.

Dado que las noticias internacionales son distribuidas por dos agencias estadounidenses, ¿cómo tomaba TeleSur esta información?

El problema mayor es que casi toda la información que se genera en el mundo es gestionada o producida por agencias trasnacionales de noticias y ahí nosotros aparecemos en blanco y negro –en negro, en realidad, porque sólo existimos cuando nos ocurre una desgracia. Entonces pusimos oficinas y corresponsalías propias en todos esos países. En el caso de la información que viene de otros países, tenemos la necesidad de volver a los orígenes del periodismo y saber que la noticia no surge como hongo, sino que tiene un contexto (histórico, geográfico, cultural) y un enfoque editorial. Una información sin contexto es una desinformación. Hay que retornar a las bases del periodismo, jugar a ser periodistas realmente. Investigar, saber, poder comunicar sabiendo. Es difícil cambiar el estereotipo que las grandes trasnacionales de la noticia han impuesto durante mucho tiempo. Por ejemplo, las informaciones sobre el Medio Oriente se escriben sobre “palestinos terroristas”: ya no son simplemente palestinos, sino que nacen con la etiqueta de que son terroristas. Un colombiano seguramente es un sicario narcotraficante y un argentino es un tipo melancólico que baila tango y le gusta jugar al fútbol. El informe Mc Bride de la UNESCO, donde se pide un nuevo orden informativo internacional, es de 1980, pero si lo publicás hoy parece que hubiera sido escrito ayer. Nosotros seguimos hablando de un nuevo orden informativo. El problema es que ese orden informativo cambió radicalmente, se impuso el Norte con el pensamiento único, el mensaje único, la imagen única. Y no es fácil democratizar ese orden, porque ya no es Estados Unidos o Inglaterra sino que son los grandes consorcios internacionales que dominan el 90% de la información del todo el mundo. Nosotros, los latinoamericanos, tenemos que hacer nuestro trabajito. Lo que demuestra TeleSur es la posibilidad de tener medios, herramientas de comunicación que no estén confiando en el modelo del Norte sino que puedan ser una voz propia dentro de América Latina. Nuestro mayor problema es que hemos estado ciegos de nosotros mismos. Fuimos entrenados durante cinco siglos para vernos con ojos extranjeros. Incluso hoy nos interesa saber más lo que dice el señor Obama sobre la economía de la Argentina que lo que opinan los argentinos mismos. Esto es una demostración de esta dependencia cultural del exterior. Pero vamos cambiando, ya empezamos a vernos con nuestros propios ojos, ya nos reconocemos no sólo como altos, rubios y de ojos celestes (como nos muestran en la publicidad), sino que también somos indios, blancos, negros, armenios, italianos, todo eso mezclado en esta diversidad cultural tan especial que es América Latina, un continente diverso, un continente plural. Y esto no se ve reflejado en los medios de comunicación.

¿Cómo  fue su alejamiento de TeleSur?

Triste, con la sensación de no haber logrado todos los objetivos, con la sensación de la agonía de un hijo. Pero nuestra labor era demostrar que sí se puede: abrimos una ventana y ahora a las nuevas generaciones les toca crear y abrir una, diez, mil ventanas, puertas, para democratizar la información y la comunicación.

EL SER ARMENIO

¿Qué es para Usted ser armenio?

Ser armenio es ser portador de una herencia cultural muy interesante, muy importante y también una herencia de una vocación de lucha, de defensa de la nacionalidad, de los principios. Es tener una historia de heroísmo, de revolución, de resistencia a la opresión. Es saberse distintos y mantenerse grandes dentro de esa colectividad rodeada por culturas diferentes, porque Armenia es una isla dentro de un mar de culturas diferentes. Lamentablemente también es sufrir. Sufrir por una Diáspora que en el momento de tener que ayudar a sus conciudadanos, sus hermanos o sus parientes en Armenia, prefirió hacer negocios en vez de respaldarlos solidariamente. Es sentir vergüenza de esa Diáspora. Pero también es reconocerse con cualquier armenio en cualquier lugar del mundo y sentirse hermano; y asimismo es un compromiso mantener y cuidar todos esos valores que nosotros heredamos de nuestros padres, de nuestros abuelos. Es también construir una sociedad propia, una sociedad mejor, una nación. Nosotros tenemos la obligación de hacer eso en los países en los que vivimos, donde estamos participando de estas sociedades. No podemos vivir en guetos, tenemos que ser parte de las sociedades, entender que este es un mundo diferente de como lo entendieron nuestros padres y abuelos. A mi me emociona mucho estar en Córdoba [la entrevista se realizó durante un Congreso de Comunicación], porque aquí vivió uno de los héroes revolucionarios armenios, Aram Yerganian, de quien he heredado el nombre. Es una demostración de la decisión de lucha política y el uso comunicacional o mediático de esa lucha política. Creo que tenemos muchos motivos para enorgullecernos, armenios como Víctor Hampartsumian,  uno de los científicos más notables de la Unión Soviética; los hermanos Mikoyan (uno, Anastás, fue Primer Ministro durante mucho tiempo y el otro fabricó los aviones Mig); Charles Aznavour; Aivazovsky; todas personas que la gente que no asocia con lo armenio.

¿Cómo fue su juventud dentro de lo que es “lo armenio”?

Yo me crié cantando canciones revolucionarias en el club armenio, escuchando los cuentos de la lucha contra los turcos, de la Primera República, de la sovietización. Recuerdo algo que descubrí muchos años después: cuando íbamos al club, una señora de apellido Stepanian, que tenía una voz muy dulce, cerraba casi todas las fiestas cantando una canción de cuna preciosa que emocionaba a todo el mundo. Y un día pedí la letra de esa canción: decía “venganza, venganza contra el cruel asesino” y eso me puso los pelos de punta. Lo que era esa realidad que se vivía, de familias diezmadas… Toda mi juventud fue totalmente armenia, los tres hermanos vivíamos en el club armenio, militábamos en la Juventud Armenia, participamos en todas las grandes manifestaciones con respecto al genocidio, tanto en la Argentina como en Uruguay, con algunas acciones “locas” y demás. Después vimos que muchos de los que se hacían los revolucionarios fueron cómplices y delatores de las dictaduras militares, se enriquecieron delatando armenios y quedándose con su dinero. Eso fue un verdadero asco. Creo que eso es la condición humana, no tiene que ver con el hecho de ser armenio, pero dolió porque eran armenios. Yo me siento muy armenio, incluso suelo escribir con música armenia de fondo, pero debo decir que me siento totalmente latinoamericano también.

Bueno, de eso se trata, ¿no? Lo decía anteriormente: insertarse en las sociedades en las que vivimos.

Claro. Nosotros vivimos en las realidades de nuestros países, participamos activamente y no nos recluimos en guetos. Sobre todo ahora, que hay una Armenia independiente, donde ya no hay excusas si queremos ir. Y ahora que no hay impedimentos… nada… salvo aquellos que tienen mucha plata y tienen su villa de verano en alguna zona montañosa y de buena vista . Esto te enseña que el capital es el capital y no tiene nacionalidad ni pasaporte.

¿Cómo ve el tratamiento de la denominada ‘Causa Armenia’ en los medios?

Hay posiciones muy interesantes y muy serias de armenios que luchan por la Causa Armenia. Es una causa nacional, una causa justa, una causa de la humanidad. Creo que entre los armenios hubo una tendencia a jugar de víctimas y a no tomar el hecho como algo político. Pero por suerte hubo gente que entendió que este es un hecho político y que había que manejarlo como tal en el panorama internacional y así se fueron encarando batallas. El caso de Armenia es una clara demostración de la traición de las grandes potencias respecto de las causas nacionales, la compra de conciencias durante muchos años y también todavía hoy es un problema para los turcos, que no logran ingresar a la Unión Europea hasta que no lo reconozcan. Creo que para los turcos sería rescribir la historia y para los armenios nos representaría mucho, sería una recompensa moral. Pero lamentablemente eso no va a cambiar la vida en Armenia, que es una vida pauperizada y es así porque aquellos que durante años hicieron plata hablando de retorno a la patria ignorada son los que hoy hacen negocios y venden armas para que puedan ser destruidos por sus vecinos.

La Causa Armenia no es un tema que esté presente en los medios. ¿Qué falta para que así sea?

Falta convicción de la gente que lo maneja. Convicción militante, no declamativa: esto no es negociable. Se lograron victorias fuertes en Francia, en Argentina, en Venezuela, en Uruguay. Esto viene más por las presiones y los sondeos en Francia y Alemania. Incluso hay una baja grande en la influencia que tenían las iglesias armenias en las comunidades. Además, los armenios no tienen suficiente información como para poder encarar la Causa Armenia.

Entonces es un problema de desinformación.

Es un problema de saturación de la información y desinformación. Hay que dar información para saber de qué se trata. Pero los armenios no tienen un discurso de que es un hecho político, sólo tienen el discurso de la víctima.

¿Cómo cree que debería ser la relación de la actual República de Armenia y la Diáspora?

Yo creo que, como todo país de emigrantes, tendría que tener una forma de relación con la Diáspora que fuera más allá de la relación de pedido de dinero. Una relación cultural fuerte. La Diáspora también tendría que tener la necesidad de una mayor relación con la Patria. Creo que antes de que fuera una república independiente las cosas eran más fáciles: estaban los que la amaban y los que la odiaban. Hoy todos tienen que amarla –o deberían. No olvidemos que es un Estado, un país que tiene sus formas de gobierno y nosotros creemos que esos son “tal partido” o “tal grupo económico”. Mientras pensemos con mentalidad de empresarios vamos a pensar en lo económico; cuando pensemos con mentalidad de Diáspora, cultural y políticamente, podremos tener una relación mejor y diferente. Yo creo que a los que más les ha dolido la separación de la Unión Soviética es a los armenios de Armenia, que tenían un paraguas que ya no tienen. Pero esa es la realidad y sobre ella hay que trabajar.

¿Qué papel nos toca a los jóvenes?

Es estar informados y aggiornar a los viejos decrépitos que todavía mandan en las colectividades y generaciones que no supieron hacer su trabajo. Buscar nuevas formas de relacionarse con la Patria. No hablo de beneficencia, hablo de solidaridad, de deuda de la armenidad con Armenia, de buscar otras formas. Por ejemplo, en lugar de mandar misiles construyan 25 casas. Armenia necesita todo. No apostemos al negocio de la destrucción sino a la construcción. Con esa nueva mentalidad, los jóvenes tienen que sacar a esos viejos decrépitos y tomar el mando para poder cambiar la relación de la diáspora con la Patria.

CONFERENCIA. De izq. a der: Prof. Guillermo Mastrini, Aram Aharonian y Lic. Gabriel Mariotto durante la charla “Comunicación y Democracia” realizada en junio de 2009 por la Liga de Jóvenes.

Entrevista realizada en Agosto de 2008


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