Metáfora literaria

Ese día estaba muy apurada: había acordado encontrarme con una amiga muy especial justo al medo día. No podía postergar el encuentro de ningún modo porque ya lo había hecho en otras oportunidades.

Cuando salí de la facultad fui hasta la parada del colectivo que ya estaba cansada y necesitaba sentarse un rato. Ahí estuve esperando media hora hasta que llegó el bondi repleto de gente. No tuve otra opción que viajar de pie. La situación empeoró cuando el tránsito comenzó a congestionarse y no tardó nada en contagiarme la gripe.

Y el tiempo pasaba, yo estaba cada vez más nerviosa. Así, decidí bajarme e ir caminando, pero en una esquina el cordón de la vereda se desató y me tropecé. Por suerte caí sobre un montón de hojas de los árboles y no me lastimé, sin embargo, me detuve a leerlas una por una. De repente, la boca de mi estómago me dijo que tenía hambre pero me hice la sorda y continué viaje. Todavía me faltaban un par de cuadras y ya estaba llegando tarde, entonces llamé a mi amiga por un teléfono público que tenía todos los botones a punto de descocerse. De todos modos, funcionaba y pude dejarle un mensaje en el contestador pero que, en definitiva, no daba ninguna respuesta que me ayudara.

Al fin arribe a destino. Toqué timbre un, dos y tres veces pero nadie atendió. Decidí mirar por el ojo de la cerradura y, sin embargo, tampoco tuve éxito y lo único que obtuve fue una ojeadora.

Totalmente rendida llegué a mi casa con ganas de acostarme pero las patas de la cama salieron corriendo y no pude alcanzarla. Por eso, me acerque al sofá y me recosté lentamente hasta quedarme profundamente dormida hasta hoy.

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Una comentario para 'Metáfora literaria'

  1. Rocio dice:

    Felicitaciones!!!! y Exitos

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