Entrevista con Adolfo Pérez Esquivel

Para continuar con el ciclo de entrevistas con reconocidos intelectuales de nuestra sociedad, esta vez EL PUENTE estuvo con Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz. En esta charla enriquecedora, Adolfo analiza la situación actual del mundo, explica las invasiones a Medio Oriente a razón de los recursos y expresa su apoyo al Juez Baltasar Garzón. También se refirió a la unión latinoamericana, al necesario reconocimiento por parte de Turquía del Genocidio Armenio y, por supuesto, no dejamos de lado el contexto actual de la Argentina, incluyendo declaraciones sobre las Islas Malvinas.

Le agradecemos a Adolfo Pérez Esquivel y todo su equipo por habernos recibido tan gentilmente en el SERPAJ y haber charlado con EP, como siempre, un placer!

 

 

EL PUENTE: ¿Cómo ve el mundo actual, cómo podría explicarlo?

ADOLFO PÉREZ ESQIUIVEL: El mundo actual es muy diverso. La madre naturaleza nunca generó monocultivos, pero en este momento se trata de imponer el monocultivo de las mentes. Sin embargo, hay una resistencia de una gran biodiversidad de pensamiento, de creencias, de vivencias. Creo que en términos generales, la sociedad y el mundo nunca son estáticos, siguen regenerándose a sí mismos. Antes había este – oeste, dos grandes potencias que se enfrentaban, peleaban entre ellos pero nos hacían pelear a nosotros ideológicamente. Después de la caída del muro de Berlín, el mundo se volvió unipolar: había una gran potencia en el medio que parecía el Dios supremo, pero después se dieron cuenta de era un ídolo con pies de barro. Ahora el mundo es multipolar, es decir que hay regiones que crecen con mucha fuerza, como por ejemplo China, que va a ser la primer potencia mundial. Estados Unidos es una potencia que está siendo desplazada y es el deudor más grande de China actualmente. Esto antes parecía imposible, pero ahora China es un país “capicomunista” que está tomando los mercados internacionales. Por otro lado, en América Latina se está generando algo muy interesante que es una fuerza regional, el MERCOSUR, la UNASUR, CELAC. Hay distintas posiciones como la Unión Europea y van a surgir otras regiones. Antes decía que nos toca vivir una época muy difícil con guerras y conflictos, pero tenemos que considerar que nos toca vivir una época interesante.

 

EP: Habitamos un mundo que ha tenido muchas variaciones y modificaciones…

APE: Así es, y para entrar a la raíz del problema quisiera señalar brevemente que el mundo se ha modificado a través de esta dinámica en el tiempo, tal como señalé antes. Pero uno también tiene que ver a través de la ciencia y de las técnicas. Ya no las podemos manejar, sino que nos manejan: el sujeto termina siendo objeto de la tecnología. Estas tienen un impacto en el pensamiento, en la filosofía y la concepción del mundo. Aquí hay una cuestión fundamental que es el tiempo. Tenemos relojes, estamos apurados, tenemos un tiempo mecánico y siempre vamos a contrapelo del tiempo natural porque vivimos acelerados. Entonces, eso nos hace perder la dimensión humana, la capacidad del pensamiento propio. Cuando hablo del monocultivo de la mente, tiene que ver con esta aceleración del tiempo, donde hay palabras que son perversas, entre ellas ‘globalización’. Estamos globalizados y contamos con la verborragia de los medios de comunicación, donde una noticia dentro de cinco minutos es vieja, no hay tiempo de elaborarla. Esos son los tóxicos de la mente. En ese monocultivo, los rocían con los tóxicos. Estamos tan acelerados que ya no tenemos la capacidad de pensar.

 

EP: En ese mundo que acaba de describir, hay una región que es la de Medio Oriente, nos gustaría saber su opinión respecto a los sucesos que allí ocurren.

APE: Esto es algo que nos preocupa mucho y ya lleva más de 60 años: la locura de Israel, Palestina, los muros… muchas veces hablo sobre los muros que tenemos que derribar, pero hay más de 40 en este mundo y los más difíciles de derribar son los que tenemos nosotros interiormente. Esto lo he escrito y señalado muchísimas veces: si no tenemos la capacidad para derribar esos muros, estamos perdidos. El caso de las guerras en Irak, Afganistán, Libia. Viajé a Irak, hice 12 días de viaje desde Jordania hasta Irak, dos mil kilómetros de desierto… cuando llegué a Bagdad pude ver el horror y la muerte de niños… en nombre de qué? Y acá el problema no fue Saddam Hussein porque él era el aliado de los Estados Unidos en la guerra contra Irán. A lo que en realidad fueron a esa región es a buscar sus recursos: el petróleo fundamentalmente. Estos son países que tienen muy poca agua y cuando nosotros fuimos llevamos para el hospital pediátrico. Los medicamentos que los grandes países que hablan de democracia y allí envían, están vencidos. De esto está lleno y en nombre de qué? Por eso, es la región a la que van por los recursos. Pronto vendrán aquí, a Latinoamérica con la cuestión minera y el agua, un recurso no renovable. Ya están viniendo barcos que cargan agua dulce y se la llevan. Entonces, qué pasa en Medio Oriente? Es una locura que se estén matando unos a otros… pero es lo mismo con los kurdos o lo que pasó con los armenios, que son pueblos que tratan de recuperar su identidad, sus pertenencias, su religión, sus valores. Medio Oriente está sometida hoy a esto y no sabemos lo que puede pasar mañana con Irán. Y aquí también entra en juego la OTAN, que junto a las bases militares norteamericanas en muchos países, incluso en Malvinas. El caso particular de Medio Oriente no podemos tratarlo aisladamente porque las Naciones Unidas, lamentablemente es un organismo internacional vaciado de contenido y de forma y necesita de una democratización ya que está en manos de las cinco grandes potencias. Cómo puede ser que la ONU avance con la invasión a Libia? Esos organismos ya no tienen sentido. Me alegro que en Latinoamérica haya surgido la UNASUR porque la OEA tampoco funciona ya que está en manos de los Estados Unidos. Estamos frente a una hipocresía globalizada.

 

EP: De Medio Oriente pasamos a España… quisiéramos preguntarle sorbe el análisis hace sobre lo sucedido con el Juez Baltasar Garzón.

APE: Baltasar Garzón para los argentinos es un héroe, para los vascos es un demonio. Nosotros lo defendemos porque lo que han hecho con él cuando quiso investigar los crímenes del franquismo fue cerrarle la puerta y sancionarlo como juez: una injusticia total y absoluta. Con respecto a las investigaciones en Argentina, yo fui uno de los primeros testimonio en la audiencia general en Madrid. Recuerdo que cuando lo fui a ver, todavía no estaba autorizado para asumir la causa y le escribí en cinco hojas de cuaderno mi testimonio y se lo entregué a Baltasar Garzón. Todavía no estaba autorizado a tomar el caso argentino, había un pedido pero no había una resolución del tribunal supremo y, luego el Juez hizo un muy buen trabajo sobre el caso argentino. Entonces, que le impidan a Garzón la investigación sobre los crímenes del franquismo es realmente tremendo. Pero España tiene eso, hay que comprenderlo dentro de su contexto que, después de la muerte de Franco, cubrieron con un manto de silencio, yo diría de olvidos intencionados, todo lo que fueron esos crímenes que implicaron niños secuestrados y desaparecidos. Después los militares argentinos tomaron esto y emplearon la metodología del secuestro y desaparición utilizado en España. La justificación era que ese niño no se contamine del pensamiento ideológico de los padres. Nosotros defendemos la posición de Garzón porque fue quien abrió el camino del Derecho a la Verdad y Justicia y fue él quien logró que se detenga a Pinochet en Londres. Estas cosas son importantísimas, pero España siempre lo ocultó y esto es trágico. Pero la memoria siempre surge en los pueblos, porque los antepasados surgen, siempre están ahí.  Es lo mismo con los armenios: nunca nos vamos a olvidar del genocidio. Tampoco de Hiroshima que, aunque lo quieran ocultar, los antepasados surgen, son los seres vivientes de la memoria, nunca se fueron, están y acompañan. Por eso digo que la muerte siempre está enamorada de la vida, no hay muerte si no hay vida, no hay vida si no hay muerte, somos una continuidad, volvemos a resurgir.

 

EP: Para continuar con esta temática de la memoria, pasamos al caso armenio. Estamos muy cerca del 24 de abril, un nuevo aniversario del Genocidio Armenio… la comunidad internacional ha avanzado respecto a eso, incluso la Argentina lo ha reconocido por ley, ha juzgado al Estado turco… entonces, qué condiciones deberían darse para que Turquía finalmente lo reconozca, bajo qué circunstancias, que paradigma?

APE: Turquía tiene que hacer una memoria de las luces y las sombras del caminar de su pueblo. No tiene el coraje de hacerlo, como no tienen el coraje de hacerlo los militares en Brasil o en España. Ocultar es pensar que uno puede tapar el sol con la mano. Esto tiene que ver con la educación, con la toma de conciencia, tiene que ver con hacer memoria. Esto sería saludable para el pueblo turco: el reconocimiento y, además, la dignidad de comprender qué pasó. Creo que el pueblo armenio necesita de ese reconocimiento. Esto ya lo he contado, como miembro del Tribunal Permanente de los Pueblos, he escuchado a los sobrevivientes que eran muy ancianos en esa época y hoy ya no están. Cuando escuchamos el testimonio de esas personas que tenían más de ochenta años, volvían a ser niños. Yo ya no los veía más como ancianos, los veía como niños, era casi fotográfico comenzar a hablar de papá, la mamá, el tío, cómo los pusieron a salvo, cómo los llevaron. El reconocimiento ayudaría a que no se comentan más genocidios, desde ahí es necesaria la memoria porque no sólo el pueblo armenio debe preservar la memoria, el pueblo turco también debe preservar la memoria y no seguir en los olvidos intencionados. Ellos saben pero no lo quieren reconocer, esos son los olvidos intencionados. Muchas veces estamos tan metidos en lo nuestro que no comprendemos que pasa alrededor nuestro, hay un antiguo proverbio que dice “el pez no ve el agua porque vive en ella”. Tenemos que comenzar a ver un poco más, saber que estamos en el agua, nadamos como peces pero que el mar no se agota en una pecera. Al mismo tiempo tenemos que comprender que una gota de agua es todo el mar y todo el mar está contenido en esa gota de agua, es el uno y el todo.

 

EP: ¿Y qué sucede en Latinoamérica respecto a este ejercicio de la memoria?

APE: Lo importante de América Latina es que está recuperando la palabra y eso es maravilloso porque no hay palabra sin pensamiento. En América como en otros pueblos estamos descubriendo quiénes somos y hacia dónde vamos. Hay cosas maravillosas en este continente. Hay cosas que uno comienza a ver y a sufrirlo también, pero siempre hay mucha esperanza. Hace 50 años que recorro este continente y cada día estoy más apasionado. No se puede vivir la vida sin pasión ¿no?

EP: Haciendo hincapié en la Argentina ¿cómo describiría la situación actual del país teniendo en cuenta el rol de los Derechos Humanos?

APE: En Argentina el tema de los derechos humanos, por lo menos del punto de vista actual oficial y de muchos organismos, se ha acotado al periodo 1976-1983, la época de la dictadura, sin ver  lo que pasa hoy en el país. El gobierno encasilló a los derechos humanos porque políticamente les interesa. Ha hecho cosas interesantes y hay que reconocerlo, por ejemplo, haber aceptado lo que nosotros veníamos trabajando hace muchos años, esto es la nulidad de las leyes de impunidad. Esto abrió el paso a los juicios y a los Derechos de Verdad  y de Justicia, Argentina ha avanzado respecto a esto y es muy positivo. Pero lo que no es positivo es que los derechos humanos comiencen y terminen ahí, esto es un error enorme. Muchos organismos, y lo digo con mucho respeto porque son todos compañeros de muchos años de lucha, deben ser independientes de cualquier partido político y de cualquier gobierno de turno, porque entonces no son creíbles, hay que mantener la independencia. Ser independiente cuesta y cuesta mucho, es el sentido de la libertad. Estamos trabajando con la cuestión de la minería, el problema de los monocultivos, la cuestión de los jóvenes, la explotación de los jóvenes, la trata de personas. Yo creo que el gobierno se ha equivocado como se han equivocado muchos otros. Nosotros también podemos equivocarnos. Pero con respecto a los derechos humanos tenemos que tener muy claro desde dónde hacemos un abordaje y desde dónde asumimos un compromiso concreto. La Argentina tal vez es uno de los pocos países que a través de la justicia federal, la justicia ordinaria está juzgando crímenes de lesa humanidad y eso hay que valorarlo. Yo en eso apoyo a este gobierno, no lo apoyo en otras cosas. No somos opositores pero sí somos críticos porque considero que han tomado un camino equivocado. Nosotros tenemos que mantener una posición para ser creíbles, porque si por ser aliados del gobierno no criticamos lo que no es correcto, quiere decir que no estamos cumpliendo nuestro rol en la sociedad. En nuestro país hay muchos delitos, muchas violaciones a los derechos humanos.

 

EP: Para finalizar, nos gustaría preguntarle sobre la cuestión de Malvinas. Sabemos que ustedes le envió una carta pública a Cameron y que también forma parte, junto con otros intelectuales, de una petición internacional. Por ello nos gustaría conocer un poco más sobre su postura respecto a Malvinas.

APE: En el caso de Malvinas, nosotros fuimos parte de muchas cosas durante la guerra. Hay un hecho que es innegable: si uno ve históricamente el Tratado de Tordesillas, Malvinas queda en el ámbito de Argentina. Los ingleses expulsan a los pobladores e instalan una población que es colonial, por eso Naciones Unidas no les reconoce el derecho de autodeterminación de los malvinenses. ¿Saben cuántos malvinenses son en realidad en Malvinas? Les voy a contar. Son 1300 malvinenses originarios de las Islas. Hay 800, 850 pobladores, más o menos, que son de distintas nacionalidades, muchos de ellos chilenos. Hay 1500 soldados: esto quiere decir que hay un soldado cada dos malvinenses ¿Cuál es la importancia de Malvinas? Y si hablamos de Malvinas tenemos que hablar de la Antártida, porque tienen una relación directa. Les voy a decir algo que ustedes no conocen: en la Antártida nacieron ocho bebés, son pingüinitos antárticos argentinos. Dos de ellos, son hijos de oficiales y seis de ellos son hijos de sub-oficiales. Seria bueno que la presidenta los convoque porque son habitantes autónomos antárticos. Entonces, sigo con la pregunta inicial: qué pasa con Malvinas. Malvinas es muy rica es pesca. En mi última carta “La Malvinas son Argentinas y la Argentina también” señalo varias cosas al respecto. Queremos recuperar Islas, pero qué pasa con nuestro territorio cuando Benetton en la Patagonia tiene más de un millón hectáreas de tierra. La Ley de Minería, y esto también tiene que ver con Malvinas porque se encontraron minerales, dice que el estado argentino durante 30 años no puede explorar ni explotar la minería en el país. Cualquier problema sobre el caso minero debe ser tratado en tribunales extranjeros y no en los nacionales. Esto reduce la soberanía nacional, es una traición total. Entonces, ¿de qué soberanía estamos hablando? ¿Qué estamos pensando nosotros de soberanía sin tener soberanía? ¿Qué hizo Evo Morales, un indio Aymara, cuando llegaó a la presidencia? Lo primero que hizo como medida de gobierno fue recuperar el petróleo, el gas, los recursos, la minería. Él dijo a las empresas: “Si ustedes quieren seguir, podemos arreglar de qué manera y, si no, se van del país”. No se fue ninguno porque antes robaban y ahora ganan. Lo primero que hace Evo es recuperar la soberanía nacional. Nosotros no, seguimos entregando todo el patrimonio. Las empresas mineras se llevan el 97% de los recursos, nosotros no somos dueños de nada. Después de junio el caso de Malvinas va a pasar a un segundo plano. Ahora está la euforia, los 30 años… pero el 14 de junio la Presidenta va a estar en el Comité de Descolonización de la Naciones Unidas para hablar sobre la necesidad de negociar, me parece bien pero no es suficiente. Vos podes hablar de la soberanía y del derecho de un pueblo cuando vos realmente querés un país soberano, pero hoy si seguís entregando todo el patrimonio ¿de qué soberanía estamos hablando? 

Pero no hay que perder las esperanzas, hay que seguir luchando porque hay reservas en el mundo: la resistencia, la toma de conciencia. Los derechos humanos nunca fueron un paliativo para calmar el dolor de los sufrientes, es un camino, es un proceso de liberación.

 

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