Tema composición: la oveja

Por Matías Raña

En la escuela primaria, en épocas donde internet no era una herramienta fundamental para las tareas pendientes, “la vaca” era uno de los temas preferidos que daban las maestras a sus alumnos. Uno se tenía que sentar y escribir veinte o treinta líneas sobre el rumiante mamífero y esperar cumplir con las expectativas de la señorita, solo para obtener una buena nota. ¿Por qué la vaca? Hay tantos animales que están en una granja, o en el campo, y siempre nos llevaban hacia el animal de estómago dividido.

No me malinterpreten, me cae bien la vaca, sus cortes son perfectos para el asado, la leche es uno de los alimentos primordiales, y es un animal tranquilo y sereno. Pero siempre quise escribir sobre la oveja, mi animal preferido.

Todo lo que respecta al origen, evolución y anatomía de este particular herbívoro pueden encontrarlo en el Aleph virtual o en manuales de escuela, quiero hablar de algunas apariciones de este simpático “bicho” en la gran pantalla, sin pretensiones de absolutismo. Es tan solo un recorte muy particular.

Woody Allen, el gran cineasta neoyorquino, supo adoptar el mito popular de la oveja como compañera sexual para un médico norteamericano. Las cosas no son tan simples (bajo la mirada de este director, nada es tan sencillo como aparenta), y el doctor empieza a sentir una atracción más profunda por el animal que pasta en las praderas. Para quienes vieron esta película, y este segmento en particular, la escena final es de antología.

Este primer caso en particular la oveja viene a ilustrarnos uno de los temas tabús de la sociedad con respecto al sexo: la zoofilia. Considerada como una perversión por especialistas en la materia, Allen reconstruye el mito del hombre solitario de campo que busca la satisfacción sexual. Acá es un hombre “culto”, que no puede controlar su amor por el simpático animalito.

“Black Sheep” (Oveja negra) es la segunda película electa en esta pequeña lista. Pergeñada en las bellas praderas de Nueva Zelanda, el director Jonathan King nos muestra que hubiera pasado si los experimentos de manipulación genética que dieron luz a la oveja Dolly salían mal. ¿El resultado? Ovejas mutantes asesinas que acechan a un grupo de personas de la pequeña población rural.

El segundo resultado es una película delirante, con muchos tramos oscuros y gore (o sea, abundante sangre y mutilaciones), y una pequeña joya con mucho espíritu de cine clase B que hará las delicias de los amantes de este tipo de filmes. Una vuelta de tuerca a las cintas de monstruos, con nuestras preciadas ovejas en el centro de la cuestión.

La tercera aparición de los bellos animales lanudos es un breve segmento de la bella película animada “Como entrenar a tu dragón”, dirigida por Chris Sanders y Dean DeBlois. La historia nos sitúa en una pequeña villa habitada por feroces vikingos, cuya existencia se debate en una bucólica vida campesina y feroces luchas contra los dragones. Al comienzo del film, vemos a unas ovejas pastando mansamente. Dos de estos animales se miran con cierto recelo, una de ellas tiene un lugar selecto para pastar. De golpe, un dragón aparece desde el cielo y levanta con sus garras a la “afortunada” oveja. Su compañera, lejos de asustarse por la situación, se mueve unos centímetros para ocupar el espacio deseado, sin inmutarse por el ataque de los monstruos alados.

Ok. Debo admitir que en este punto hice trampa. La película de animación versa sobre vikingos, dragones y espíritu de superación. Las ovejas solo ocupan un papel “extra”, apenas un chiste, pero me llamó mucho la atención y despertó la primera carcajada de quien escribe este texto. Humor del tipo “slapstick” desarrollado por un animal mitológico y otro más bien mundano. Genial.

A modo de bonus track, la televisión infantil ha desarrollado numerosos programas en donde las ovejas ocupan un espacio importante. En los últimos años se pudo ver una ficción animada en computadora llamada “Jeackers, las aventuras de Piglie Winks”, en donde conocimos a la oveja Wiley, que comanda a un grupo de pares. La particularidad de este personaje cómico es que sufre de una paranoia bastante evidente, y en cada segmento (que no supera los 4 minutos) se ve obligada a cumplir diferentes tareas o misiones, de acuerdo a los “peligros” que la aquejan. Estamos hablando de un programa infantil, para niños/as muy pequeños, pero puedo asegurar que tiene mucha gracia y se disfruta, cualquiera sea la edad del espectador.

Así concluye el para nada absolutista repaso de ciertas ovejas famosas del cine y la televisión, tal vez con la esperanza que en un futuro, las maestras de las escuelas destronen a la vaga vaca y le den el reconocimiento pertinente a este simpático animal, que si bien no da la leche y el dulce de leche, nos ofrece lana para no pasar mal el invierno y, también, algunos buenos momentos en la cinematografía mundial.

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