Arte y reflexión

En el capítulo “El arte como ansia de lo ideal” y, a lo largo del texto Esculpir en el Tiempo,  Andrei Tarkovski refleja muy bien las ansias del hombre por apropiarse del mundo y cómo ese hombre ve al arte como una herramienta, como un medio para alcanzar ese mundo ideal y cómo éste vive en esa utopía.

En el recorrido del capítulo, el autor realiza una comparación, destacando similitudes y diferencias, entre arte y ciencia. Explica que el nacimiento de una imagen artística no puede ser explicado por medio de un proceso empírico, tal como lo hace el surgimiento de una teoría científica. Y, además, el arte puede hacer que lo imperceptible e inexplicable con palabras se pueda expresar con la imagen. Otra de las diferencias que marca, es que el artista está determinado por leyes propias, que quizás carecen de valor para otros, cosa muy distinta sucede en la ciencia, donde  hay patrones, valores y leyes a seguir. En síntesis, es sumamente interesante el paralelo que se establece entre estas dos esferas en cuanto a la dominación del mundo, de la incertidumbre y la llegada a la “verdad absoluta” a la que ambas tienden.

Otro punto para resaltar es cuando Tarkovski destaca el rol y el objetivo de la obra de arte que no está destinada a ser mercancía: esto es, explicarle al hombre el por qué de su existencia. Y, si no puede responder esta duda existencial, al menos la enfrenta. A este supuesto, se le puede encontrar una ligazón con la función que se le otorga al arte, la función catártica. A su vez, esto tiene una concordancia con lo que se plantea al comienzo del texto: “¿para qué existe el arte? ¿A quién le hace falta? ¿Hay alguien a quien le haga falta?” Esto es lo que se cuestiona Andrei Tarkovski y tiene estrecha relación con esta función catártica y también con las determinaciones con las que uno está formado. Si es artista tendrá una formación, si es científico otra, si es economista otra, y así sucesivamente. Así, cada individuo tendrá su visión y opinión de la obra de arte: mientras algunos la juzgarán sin una previa reflexión, otros tendrán un fuerte sentimiento de identificación y pasión hacia esa obra.

A esto hace referencia la poesía “El infinito” de Giacomo Leopardi: una particular forma de percibir algo, que puede llegar a ser una obra de arte, es decir, una percepción subjetiva pero sin transformarse en una individualidad. Algo que para unos es un objeto inerte, a otros les despierta una pasión, un interés y una exaltación del espíritu inmedible.

Es un texto enriquecedor y aporta a la mirada crítica y apreciativa de lo que es el arte. En una sección de la obra, Tarkovski afirma que cuanto más escondidas estén las intenciones del autor, tanto mejor es la obra de arte y, en cambio, si el objetivo es demasiado claro, esa obra se queda en lo superficial.

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