“LOS NENES CRECEN”

Por Matías Raña (@matias_ra) – Columnista de Cine, especial para EP Blog, Notas al Pie

Frase cliché si las hay en el mundo, pero es cierto. Los infantes estrellas de Hollywood pegan el estirón en pantalla y siempre hacen algún que otro desmán que los ubica en las portadas de los tabloides por las razones equivocadas. Por ejemplo, todos disfrutamos de las correrías de Macaulay Culkin en sus películas, solo para verlo más tarde destrozado por padres ambiciosos y diferentes consumos extraños. Hace unos días apareció una foto del muchacho ya crecido, venido a menos, casi sin el resplandor de la estrella que supo ser. Por alguna razón, a la gente le sigue interesando saber que fue de estas personas que en su momento deglutieron el mundo con su carisma.

Un caso extraño es del de Daniel Radcliffe, o sea, “Harry Potter”. El mocoso de 10 años supo cautivar a millones de espectadores que lo llevaron al enorme pedestal de ídolo por su personificación del mago más famoso del siglo XXI. (Si, “Harry” nació el siglo pasado, pero digamos que es producto de este nuevo milenio, puristas!). Desde el 2001 se vine calzando los anteojitos, la cicatriz en la frente (en forma de rayo) y corriendo con sus amigos por Howarts y sitios aledaños, escapando de las fauces del Innombrable. Su gesto simpático al principio fue mutando en una mueca de dolor, a medida que crecía. Hasta que se volvió oscuro y combativo, al final de la saga. Los nenes crecen dentro y fuera de la pantalla.

En una movida interesante, el pequeño Radcliffe decidió protagonizar una obra de teatro llamada “Equus”, cuyo mayor atractivo de marketing fue que el pequeño Harry Potter ya no era tan pequeño y lo demostraba haciendo un desnudo completo, frontal, enfrente de la audiencia. Trato de imaginar las reacciones de las fanáticas enamoradas del mago que accedieron a la obra, tal vez con la idea de estar a metros de su ídolo, y se encontraron con la “generosa” propuesta del actor. Era claro que el mocoso no quería que lo recuerden siempre como el mago bonachón.

Tras finalizar el climax de Potter en dos películas (que podrían haberse amalgamado en una sola, pero el dinero manda), Radcliffe filmó una película para la resucitada compañía Hammer, pionera del cine de terror británico. “The woman in black” es una película de terror donde nuestra precoz estrella hace de un abogado atormentado, de gesto adusto y lentes… pero sin cicatriz en la frente. La película está bien, tiene clima, pero aún cuesta separarlo del mago. Lo divertido, sin embargo, sucedió hace unos días, cuando el querido Daniel se le ocurrió abrir la boca.

Así, accionando sus cuerdas vocales y evocando los días de filmación de la enorme saga cinematográfica, dijo que había ido borracho a varias jornadas y que podía nombrar cada escena donde estaba bajo los efectos del alcohol. “Los nenes crecen”, y el niño le empinó a la botella más de una vez, según dicen, en un momento complicado de su vida.

También disparó contra los premios Oscar por la pobre colecta de nominaciones que tuvo la última parte de “Harry Potter”, y la enorme cantidad que tuvo “Hugo”, de Scorsese. “No creo que a los Oscar le gusten las películas comerciales o las películas para niños… a menos que sean dirigidas por Scorsese” (…) Esta clase de esnobismo lastima.” Dijo el muchacho, días después de confesar que se tomó hasta la molestia mientras personificaba al mago.

Ahora pelea por salir del corralito que impone la fama “mágica” de la saga, y opta por películas independientes, films de terror y quien sabe que otras cosas. Quiere ser un actor serio. Afirmó que dejó la bebida y que ama la lectura. Sin embargo, las declaraciones contra la Academia yanqui fue, a entender de este humilde redactor, lo mejor que hizo en muchos años, porque se le notó la sinceridad y el desparpajo que debería haber tenido cuando se calzaba los lentes en la epopeya de ocho partes.

El destino de los nenes actores de Hollywood suele ser extraño y muchas veces trágicos. Esperemos que Daniel Radcliffe sepa superar el estigma de haber sido el niño más famoso de una década, pueda crecer como profesional y que sus películas sean más interesantes que sus declaraciones. Yo opto en este momento por leer como se emborrachaba para ir a filmar Harry Potter y como despotrica porque los Oscar no le reconocen las horas de trabajo en la saga, antes que verlo en bolas sobre las tablas o poner aventurarme a esa caída libre que es “Harry Potter” después de la tercera entrega.

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