Analizamos el concepto de ‘poder’ – de Michel Foucault

Para analizar el concepto de ‘poder’ se podrían tomar algunas de las definiciones que ofrece la Real Academia Española. Según ella, el poder es “Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo. Ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerle. Dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo”. Sin embargo ésta sería una visión simplista y reduccionista.  Autores como Michel Foucault, Pierre Bourdieu, Antonio Gramsci, Max Weber, Nicolás Maquiavelo, entre muchos otros, han hecho análisis profundo, elaborando teorías acerca de este concepto pero con perspectivas diferentes y entrelazando otras nociones, haciendo más compleja su definición.

En este breve artículo se utilizarán especialmente los escritos de Michel Foucault ya que su estudio sobre el poder tiene en cuenta las relaciones entre posiciones de fuerza y estrategias. Entre las fuerzas en tensión, éste es dinámico, inestable y desigual. Es importante destacar que intentarmos dar un pantallazo general, ya que es una temática extensa y puede ser tratada en una gran cantidad de páginas, por eso, nos limitaremos a brindar una descripción general con los aspectos más sobresalientes de este concepto.

En una primera aproximación se puede afirmar que “el poder no es algo que se adquiera, arranque o comparta, algo que se conserve o se deje escapar; el poder se ejerce a partir de innumerables puntos, y en juego de relaciones móviles y no igualitarias; que las relaciones de poder no están en posición de exterioridad respecto de otros tipos de relaciones (procesos económicos, relaciones de conocimiento, relaciones sexuales) sino que son inmanentes; constituyen los efectos inmediatos de las particiones, desigualdades y desequilibrios que se producen, y, recíprocamente, son las condiciones internas de tales diferenciaciones; las relaciones de poder no se hallan en posición de superestructura con un simple papel de prohibición o reconducción; desempeñan, allí en donde actúan, un papel directamente productor; (…) no hay una oposición binaria y global entre dominadores y dominados, reflejándose esa dualidad de arriba abajo (…) no hay poder que se ejerza sin una serie de miras y objetivos”[1].

Foucault quita este concepto del exclusivo campo político y lo inserta en la cotidianeidad. El poder no es una institución ni una estructura, o cierta fuerza con la que están investidas determinadas personas, sin que es el nombre dado a una compleja red estratégica en una sociedad dada. El poder significa relaciones y se encuentra en todo fenómeno social: toda relación social es vehículo y expresión del poder y no es patrimonio exclusivo del Estado.

Es importante tener en cuenta que el poder no se ejerce desde un polo, ni es unidireccional, sino que se encuentra distribuido dentro de las relaciones sociales y circula circula en ella. Donde hay poder también hay resistencia: hay tensión constante con su par opositivo: aquí surge uno de los conceptos centrales de Foucault, la microfísica del poder.

Por otro lado, el autor plantea que el poder está formado por disciplinas, discursos y saberes. Este saber se liga al poder y, a su vez, a la verdad: de esta forma, ambos son situaciones que se retroalimentan y se articulan en el discursoy ninguno puede sostenerse sin el otro. El poder es entendido como una concepción positiva porque produce discursos y saberes, circula y se ejerce. En este sentido, el poder se ejerce y se impone no tanto por el ejercicio de la fuerza, sino que por la producción del saber, de la verdad, por la organización de los discursos: es una relación que se establece en el seno de la vida social, se alimenta, atraviesa y se constituye EN y POR el cuerpo del discurso. Todo proceso discursivo está lleno de implicaciones y de formulaciones concretas de la relación SABER – PODER, que responden a ciertos intereses, que tratad de ocultarse tras la aparente inocencia de todo discursos y por eso, se busca regularlo. En este sentido, la verdad está ligada a los sistemas de poder que la producen, la mantienen y a los efectos de poder que la acompañan. Así, el poder necesita de la verdad para que el mecanismo funcione y, a su vez, la verdad produce mecanismos de poder. Es una relación de feedback y reciprocidad: el saber constituye poder y el poder constituye saber. Siguiendo esta línea, la voluntad de verdad queda asociada a una voluntad de saber: verdad y poder se tornan inseparables, pues donde está uno, está el otro, no existen separadamente. Foucault concluye que a través de todos los discursos que circulan en cada época, constituyen el campo del saber. Aquí es fundamental tener en cuenta que el autor plantea que todo momento histórico supone un pensable y un impensable y sostiene que las formas de pensar de una época son inconmensurables de la época anterior, no hay líneas de continuidad.

Con esta pequeña introducción al concepto de poder de Foucault dejamos abierta la ventana para continuar con esta línea y ahondar en otros conceptos fundamentales que propone el autor. En próximas entregas seguiremos desarrollando y explorando un poco  más este mundo filosófico.



[1] Foucault, M. La historia de la sexualidad I – La voluntad de saber.

 

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