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Iniciar for Global Action es una fundación que trabaja a nivel global y de manera interdisciplinaria e involucra a profesionales de diversas áreas con el objetivo de lograr cambios y desarrollos sustentables en comunidades vulnerables. Con el fin de alcanzar resultados, promueve las redes y la sensibilización, generando conciencia y apoyando proyectos sociales. leer nota completa »

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La planificación –entendida como una función de la gestión – se define como la acción que, apoyada en la visión sistemática y ordenada de la realidad sobre la que se actúa (diagnóstico), procura reducir la imprevisibilidad de lo social, introduciendo criterios de racionalidad y ordenamiento a un conjunto de acciones y actividades que, articuladas entre sí, generen alternativas de acción con el objetivo de influir sobre el desarrollo de los acontecimientos y generar cambios que beneficien a determinados actores sociales, a partir de sus objetivos de cambio y/o de aquellos que logren ser consensuados con otros actores sociales. Así entendida, la planificación es la aplicación ordenada de la voluntad de cambio de los actores sociales que participan de determinado ámbito o están decididos a incidir sobre el mismo.

La voluntad de cambio común a varios actores sociales se expresa en las alianzas político institucional, pero también en prácticas colectivas que van configurando modos de ser y actuar similares, es decir, estilos de gestión y gestiones compartidas.

La búsqueda de participación de la mayor cantidad de actores para la generación de prácticas colectivas que aporten a la construcción de lo público se basa en dos presupuestos. El primero es de carácter ético-político y se vincula con el ejercicio pleno de la ciudadanía y el segundo es científico y alude a lo público entendido como un escenario complejo, multisectorial y multiactoral, donde se visibilizan los intereses, las demandas, las necesidades, los proyectos políticos, las relaciones de poder y las alianzas de estos mismos actores y que exige de miradas múltiples y diversas para su comprensión y transformación. Los procesos de cambio en lo público son inescindibles de los cambios que se producen en los propios actores sociales intervinientes. De hecho no existe autonomía entre un plano y otro. O dicho de otra manera: nadie puede generar cambios en el espacio público si no se modifica a sí mismo en igual sentido, y los cambios que se producen en lo público inciden necesariamente en la práctica de los actores que allí intervienen.

La planificación aplicada al campo específico de la comunicación parte de las prácticas sociales concibiéndolas como espacios de interacción entre sujetos en los que se verifican procesos de producción de sentidos. El estudio de estos procesos comunicativos, mediáticos y no mediáticos, requiere de un abordaje inter y transdisciplinar, donde la comunicación sea la disciplina ordenadora de las otras. También exige una mirada que valore y trabaje a partir de la diversidad como manifestación de los diferentes intereses y necesidades de los actores sociales y base para la construcción dialéctica de social desde la comunicación y la cultura. La planificación aplicada al campo específico de la comunicación supone el diseño de procesos, planes, programas y proyectos de comunicación social en los diferentes espacios y procesos sociales, económicos, políticos y culturales de la sociedad

En síntesis, entendemos que “cualquier transformación sociocultural se dibuja permanentemente a partir de la dinámica comunicacional”1 y que la comunicación es sobre todo ese “lugar de encuentro y construcción de sentido compartido”2 que precede, anuncia y viabiliza el cambio social.

Fuente: Cátedra Uranga de TAO Políticas y Planificacion de Ciencias de la Comunicación, UBA

1 MASSONI, Sandra , MASCOTTI, Mariana; Apuntes para la comunicación en un mundo fluido: mediación es no mediar. Rosario, Argentina, mimeo, s/f

2 JARAMILLO LÓPEZ, Juan Camilo; Aporte de la comunicación a la construcción de políticas públicas. Conferencia dictada en el UBR Campaing Workshop del Plan International, Panamá, 9-11 noviembre 2004

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En líneas generales, el concepto moderno de ciudadanía nace con la Revolución francesa, materializando la idea de que los individuos son portadores de derechos imprescriptibles, ejercidos frente al poder de Estado. Así, el hombre se convierte en el titular de derechos públicos subjetivos. En este momento, la idea de ciudadanía se vincula íntimamente con la de nacionalidad y sufragio. Así, la ciudadanía moderna descansa, entonces, en la imagen de una sociedad construida por hombres autónomos, libres e iguales ante la ley. Sin embargo, como plantea María Cristina Mata , el ejercicio de la ciudadanía ha sido desbordado en su concepción jurídico-estatalista. De este modo, el concepto se complejiza con la problemática de las identidades y el multiculturalismo, en referencia a consumos, comunidades, demandas y reivindicaciones que trascienden las fronteras. Con el advenimiento de las políticas neoliberales, se multiplicaron objetivamente los espacios de poder con los cuales los individuos deben vincularse en orden de satisfacer sus necesidades, produciendo una consecuente multiplicación de esferas de negociación y enfrentamientos para hacer valer los derechos individuales y colectivos que el estado ya no puede respaldar. De ahí, que es necesaria una revalorización del concepto que intente superar la confusión que existe entre ciudadanía y esfera estatal, para que la idea de ciudadanía pueda mas bien coincidir con un modelo de esfera pública, con un lugar que abarque tanto el espacio institucional como el de las asociaciones autónomas y libres que se constituyen en la sociedad civil. “Esta noción de ciudadanía alude, por tanto, a una doble pertenencia: al Estado y a la sociedad. En el primer caso, el individuo es miembro de un cuerpo político-institucional que garantiza sus derechos políticos, civiles y sociales. En el segundo, el individuo es miembro de un espacio público asociativo que requiere de prácticas de auto-organización colectiva, desde las cuales se puede reforzar y extender su condición de ciudadano. En ambos casos el ciudadano es miembro de la misma comunidad. El ciudadano del Estado no cancela al ciudadano de la sociedad civil, ni viceversa.”
Entonces, el desafío es poder pensar también la ciudadanía desde la esfera de la sociedad civil, es decir, desde su capacidad de transformación y participación. Una práctica activa de la ciudadanía no solo implica la lucha por el reconocimiento de derechos violados o nunca declarados, sino también “integrar la práctica que se desarrolle en el interior de un vasta red de asociaciones, que operando desde la sociedad civil pueda contribuir a la perfección del orden colectivo” . Y es que el ciudadano se reconoce en su conexión con el curso cotidiano de las cosas. Los asuntos de interés general no deben ser reducidos a los asuntos del estado pues ellos se esparcen por la sociedad civil para crear un espacio público. Para ello es necesario combatir con una subjetividad afectada por el conformismo y la privatización de la vida para interrogar y controlar el poder y construir vínculos sociales solidarios. De ahí que, como plantea José Bernardo Toro , en consonancia con Castoriadis, ser ciudadano supone comprender que el orden de la sociedad no está dado, sino que es pura creación del hombre de la misma sociedad. Así ser ciudadano implica ser capaz que crear o transformar el orden social en el cual se quiere vivir, cumplir y proteger para la dignidad de todos. Para el autor, la expresión máxima de autonomía, esto es de ciudadanía, es poder definir el futuro. Para ello, es esencial la creación y desarrollo de las organizaciones civiles, ya que ellas generan identidad y visibilidad. Actuar en cooperación para organizarse produce libertad, lo cual, crea las mejores condiciones para la dignidad de los ciudadanos.