Y AHORA, ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

por Matías Raña  @matias_ra

Es una buena época para los fanáticos de las películas de superhéroes. Tengo un amigo, al cual llamaremossimplemente “Aníbal”, que tuvo un orgasmo cuando se enteró que salía la película de “Los Vengadores”. Paraaquellos lectores que no conocen que es esto, comento: “Los Vengadores” es una historieta que reúne a losprincipales héroes de la editorial estadounidense “Marvel Comics”. Dichos personajes son Iron Man, Hulk, CapitánAmérica, Hawkeye, Viuda Negra, Thor y Nick Fury. Todos ya tienen sus películas por separado, y ahora les tocajugárselas como grupo, para las delicias de muchachos como Aníbal.
Cuando dije que Aníbal tuvo un orgasmo, no exageré. Fue a ver la película del Capitán América que se estrenó elpasado jueves 29 de julio, y al final le dieron un pequeño avance del grupo “ensamblado”, y pasó. El muchachoentró en éxtasis, y duda que pueda volver a repetir semejante placer con su novia, a quien llamaremos “Olivia”,para no herir susceptibilidades.
Pedirle una opinión sobre el cine de superhéroes a una persona que adoró la versión que parió Roger Cormande “Los 4 fantásticos” es pedirle peras a un olmo. Soy consumidor de este tipo de largometrajes, y admito queestamos en una era dorada. El nuevo milenio nos trae al menos dos películas ambientadas en este sub géneropor año. Casi todas vienen de Estados Unidos, que tiene el monopolio de los personajes más conocidos y losrecursos técnicos para hacer grandes espectáculos visuales. Acá en Argentina nos tuvimos que conformar con unamediocre “Zenitram” (basada en un muy buen cuento de Juan Sasturain), que llevó a la parodia la argentinidad,haciendo un espectáculo casi grosero, pero pionera en lo visual en lo que a estas pampas respecta.
La respuesta más simple ante tal fenómeno es el dinero. Estos films levantan toneladas de dinero (la mayoría),generan franquicias rentables, muchos muñequitos, historietas, figuritas, videojuegos y demás cosas. ¡El dineromueve al mundo! Ante una obviedad tan grande como la cuenta bancaria de Robert Downey Jr. (que personifica aTony Stark, o sea, Iron Man), trataré de buscar una razón más profunda para este fenómeno.
La gente necesita creer en héroes que puedan salvarlos de sus miserias. Estados Unidos, meca junto a Japón yalgunos países de Europa de la historieta, no son los mismos después de la post-modernidad que les clavó avionesen sus torres y bombas en sus subtes. Si existiera un Superman, un Spiderman o alguien dando vueltas por ahí,muchas catástrofes no hubieran pasado. De hecho, hay una historieta donde el Hombre de Acero impide el 9/11, yotra donde Spiderman va a ayudar a los rescatistas.
En la antigüedad, antes de la moda de las religiones monoteístas, existían muchísimas deidades superpoderosascon falencias muy humanas, que formaban verdaderos panteones de personajes vistosos, repletos de aventuras ehistorias dignas de ser contadas. Civilizaciones de avanzada como la Azteca, la Egipcia, los Incas, o los Griegos,forjaron mitologías hermosas y atrayentes, que aún hoy se leen con avidez.
“DC Comics” tiene un héroe que se llama “Aztek”, y la “Marvel” tiene al ya mencionado “Thor”, pero másallá de algunos casos muy puntuales, el siglo XX supo crear su propia mitología apócrifa. Surgió en tiempos denecesidades (Superman, que inauguró esta “moda”, nace poco tiempo después de la gran depresión yankie), y hoymás que nunca tienen vigencia en el séptimo arte. Las sociedades necesitan modelos, y también otros mundos adonde escapar. En las calles de Nueva York un “terrorista” te la puede mandar a guardar con un avión, y vos sossolo un espectador del horror, incapaz de prevenir nada. En el cine, en las historietas, estos tipos velan por nuestraseguridad.
En un mundo post guerra contra el terrorismo, proliferan las películas de superhéroes, porque necesitan vendernospersonajes mesiánicos y horrores indescriptibles. Porque, lamentablemente, estamos en épocas en las cualespresidentes todopoderosos proclaman guerras non sanctas contra terrores inimaginables (y muchas, muchas vecesincomprobables) y ellos se proclaman como los defensores absolutos de la paz y la justicia. Como los superhéroes.El mundo se ha polarizado (lo han polarizado) y nos dicen quienes son los villanos, quienes son los buenos, solotenemos que ser espectadores de lo que sucede. Sentirnos partícipes. Aunque no hagamos nada.
Es como leer una historieta de Batman, o ver una película de Iron Man, solo que está pasando a kilómetros dedistancia, sin heroísmo, sin trajes copados. La televisión e Internet, el caudal inagotable de información e imágenesha hecho indispensable la aparición de superhéroes que nos hagan creer que el mundo puede ser un lugar másseguro, donde los buenos son buenos, y le pueden ganar a los malos.
Le pregunto a Aníbal que piensa de mi teoría, de la nueva mitología, del terror, etc. Lanza un bufido dedesapruebo. Piensa unos instantes. Ya hemos discutido antes sobre estos tópicos: le dije que no me gustaba lapelícula de “Ghost Rider” y que la última de Superman era aburridísima, y casi se me va a las manos. Ahora quiseponerle profundidad al asunto.
“Que me importa porque salen películas de superhéroes, mientras sigan saliendo, que lo hagan por el motivo que seles cante. Solo espero que no arruinen al Increíble Hulk de nuevo”.
Es una buena época para los fanáticos del cine de superhéroes…

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